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México y la lucha ante la pérdida

Por Rubén J. Olivares

La muerte de un ser querido es una experiencia que nos marca, especialmente cuando se trata de un ser muy cercano a nosotros. Cada uno busca los medios más adecuados para lograr superar la fase de pérdida de aquellos que nos abandonan y aprender a convivir con la nueva realidad. En el caso de F. Goldman, el medio para lograr superar la pérdida de su esposa fue aprender a conducir en la ciudad de México D.F., la patria de su esposa. El resultado de este proceso de aprendizaje es una crónica literaria en la que se mezclan los relatos de viajes, el periodismo, la autobiografía y la crítica social y política de México, lo que lo convierte en un libro peculiar, narrado a medio camino entre el reportaje periodístico y el diario personal.

El circuito interior tiene mucho de ejercicio biográfico, pues a lo largo de sus páginas Goldman se desnuda ante el lector y relata sin tapujos cómo se enfrentó al dolor que la pérdida de su mujer le produjo – básicamente con alcohol y ocasionales ataques autodestructivos –, y cómo logró superar el bache personal en el que se encontraba gracias a la ayuda de su terapeuta. Todo ello narrado con un humor socarrón personalísimo, autoinflingido como parte de su particular terapia del duelo. Goldman comparte el protagonismo de esta magnífica novela con México D.F., la fascinante y descomunal capital mexicana, donde viven millones de almas en el centro del país.

La elección del título no es baladí. Por un lado, evoca los versos de un poema de Efraín Huerta, en el que se evoca al amor y la pasión que nos consume por dentro, y por otro lado alude a una de las autopistas que recorren la Ciudad de México. Ambos fenómenos recorren la novela y marcan el relato de Goldman. Como un medio de evadirse y autosuperarse, Goldman se propone aprender a conducir con un coche de marchas, por una ciudad desconocida y realmente caótica como Ciudad de México, en el que conducir es adentrarse en una pavorosa selva de coches, en la que todo el mundo parece haber olvidado cuales son las normas básicas que regulan la circulación de vehículos. El reto que se propone el autor es osado, pero Goldman es capaz de abordarlo con coraje y tesón. Estamos ante un hombre curtido en aventuras y desventuras en la metrópoli mexicana – atracos, peleas, borracheras, incursiones en los bajos fondos de la ciudad, etc. –, que no se achantará ante el reto de obtener el permiso de conducción.

Goldman transita con maestría desde la intimidad personal de su duelo, hacia la crónica de la ciudad de México D.F., dando paso a la aguda mirada de un observador que se comporta como un detective, desentrañando las pistas que le permitan averiguar dónde se hallan los orígenes y motivos que dan lugar a tantas historias trágicas de la Ciudad de México D.F., como el caso Heavens, en el que fueron secuestrado 17 jóvenes de una discoteca, crónica del horror que se esconde tras este tipo de historias.

En el segundo bloque del libro Goldman nos deleita con un acercamiento personalísimo a la reciente historia política de México, explicándonos sin cortapisas porque aborrece al PRI y a Peña  Nieto, actual presidente de México, y porqué teme que México D.F. acabe siendo devorada por el horror que asola al resto del país, entre otros relatos realmente estremecedores. El circuito interior es un mapa personalísimo de la ciudad de México, una excelente aproximación a una ciudad inabarcable, oculta y fascinante, lo que convierte a este libro en un gran libro

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