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TGC nos hablan de su flamante Walden Year.

Por Sandro Maciá

Si la fe mueve montañas, la ilusión va más allá. Y, si no, que se lo digan a los componentes de The Good Company, una banda grancanaria que bien sabe que las cosas, por muy claras que se tengan, acaban por salir como uno quiere sólo cuando la implicación y el amor por lo que se hace es incondicional.

Prueba de ello, es la reciente publicación de su ansiado y esperadísimo nuevo disco, Walden Year, un deseado tercer vástago que, precedido por los exitosos álbumes 28 y Dearland (ambos editados con Mckenzie Muzik/Popstock!), nace de una iniciativa -casi un desafío- que sólo ellos, dignos poseedores de una conocida fama construida en torno a lo que se cuenta de la intensidad y el impacto de sus directos, podían permitirse: la movilización de sus seguidores para un multitudinario crowdfunding. Una cofinanciación que, entre otras cosas, nos explican los propios componentes de la banda, a los que hemos tenido el placer de acaparar entre nuestras líneas para ser partícipes, en primera persona, de cómo viven tal acontecimiento.

Tercer disco, tercer y original disco. Esto es lo que The Good Company nos ofrece tras tres años de espera, que empiezan a contar desde el momento en el que decidís lanzaros a la aventura de optar por la co-financiación. ¿Impone o motiva hacer un álbum que nace de la confianza depositada por tanta gente?

Siempre motiva. Justo lo bueno de no ser un grupo multitudinario es que la expectativa puesta en ti por tus seguidores no llega al nivel de bloquearte y de hacerte preguntas que poco tienen que ver con la creación y la música en sí. Ese calor te hace estar activo y alerta, pero tu propia motivación y exigencia es todavía mayor y hay por tanto un equilibrio. Al final a la hora de la verdad te aíslas de la gente para hacer lo tuyo, y eso es justo que lo querría como seguidor de un grupo, ver y escuchar la esencia del grupo en su intimidad.

¿Y presentarlo ante los propios crowdfounders, como hicisteis en el bosque de Doramas (Moya) de Gran Canaria antes de su publicación?

Eso fue un momento mágico de este proceso de sacar el álbum. Era invierno y alquilamos un autobús para llevar a unas 100 personas a un lugar en mitad del antiguo bosque de Doramas, donde hay una pequeña casita de donde pudimos sacar la electricidad. Cayó una niebla espesa y a medida que anochecía fuimos presentando todos los temas del disco e hicimos un poster para ese día, perforado a mano, en el que el nombre de cada asistente era una estrella en el firmamento. Un día sin duda para el recuerdo.

Presión o satisfacción a un lado, vuestro afán de superación permanece intacto en este trabajo, quedando explícito en forma de canto a la vida y la libertad al hilo del eje central del mismo: las vivencias del escritor H. David Thoreau en su libro ‘Walden’ (1854). ¿Por qué decidisteis dar forma al disco basándoos en este autor y su obra?

Queríamos buscar una sinergia creativa que no partiera exclusivamente de nosotros. Pero también fue espontáneo para mi leer ‘Walden’ y encontrar muchas respuestas que me hicieron sentir la necesidad de poner música a lo que ya estaba escuchando ahí. Había música en ese libro y apoyarse en un escritor tan clarividente y apasionado fue un impulso para llevar nuestra música un paso más allá de lo que habíamos hecho hasta entonces.

¿Es esta filosofía de la naturaleza y el autodescubrimiento la que os ha llevado a ampliar vuestra sonoridad y a explorar estilos como el gospel, el africanismo, el northern folk o el post-rock?

La naturaleza, al ser tan compleja en matices, y generar tantos ambientes de luz, intensidad y color, nos llevó a buscar texturas que siguieran esos cambios, que además suceden también en el hombre enfrentado a esos elementos. Utilizamos los instrumentos de siempre, porque tampoco queríamos poner encima de la mesa sonidos demasiado procesados, pero buscamos giros y sonoridades que, sobre todo en las guitarras, dieran con lo que visualmente queríamos contar. Eso y las voces, que las tratamos como un instrumento más. En definitiva hemos buscado hacer una música que pueda ‘verse’.

¿Cuál es la canción que más sorprenderá al público?

‘Concord’ es una canción bastante imprevisible, con muchos cambios inesperados. No sé si diría que es la mejor, pero resume bastante lo que queremos contar en una sola canción. Junto con la apertura previa con ‘Shepherds’ crea el ambiente y el tono que se mantiene en todo el disco.

¿Y la más personal? Esa que deberíamos escuchar en la más estricta soledad para degustarla y sentirla, hasta encontrar esa libertad que según Thoreau todos llevamos dentro…

El tramo final, con ‘Falling’ y ‘Supreme Grey’ representan lo más introspectivo, aunque en ambas eso culmina en una apertura. La reflexión siempre debe ser el paso previo a la acción.

Pese a ser la soledad, además, la protagonista del video de presentación de Delta, el primer single de Walden Year, no es este un disco en el que os hayan dejado solos en el camino. Al contrario, muchos han sido los artistas que se unen a vuestro paso en este disco. ¿Con qué colaboraciones habéis contado?

Hemos tenido la suerte de tener muchos amigos que encontraron un hueco para dejar huella en el álbum. Eduardo Villamil y Carlos Sosa (Fuel Fandango) complementaron a Sergio Miró en las baterías y percusiones, un entramado donde pusimos mucho trabajo para crear el esqueleto andante del ‘Walden’. Como en otras ocasiones, Luca Petrica (León Benavente, HATEM) nos asistió en sus fabulosos Estudios Reno y nos asesoró en la producción, un camino largo cuando tú eres tu propio productor principal. Hubieron guitarras de Alby Ramírez (The Birkins) que dieron mucho color a los arreglos y vientos de César Martel. Fue un álbum muy colaborativo, y estamos muy contentos de que así sea.

Bien acompañados, como en este caso, todo camino es corto, pero no siempre fácil. ¿Qué anima a los componentes de The Good Company a no salir del camino cuando las cosas salen como debieran?

El propio baremo de lo que haces, que nace de ti, se relaciona con tu entorno, pero finalmente acaba en ti para saber dónde estás independientemente de tu lugar como artista en el negocio musical. Ahora somos libres porque si no estamos en donde todos quieren estar, no pasa nada. Sólo nos importa hacer discos, contar cosas, y guardarlas bien, porque hay un valor en sí mismo con eso que no se genera por mucha repercusión que tengas.

¿Os veremos haciendo gala de vuestro cada vez más impactante directo pronto? ¿Dónde será?

Estaremos el 07 de Abril en La Fábrica de chocolate de Vigo, el 08 de Abril en Mardi Gras en A Coruña, el 09 de Abril en el Festival Emergentes de Oviedo y el 14 de Abril en Moby Dick Madrid. Hay muchas ganas de enfrentar nuestra música a la gente.

A gran banda, grandes componentes -¡trompa incluida!-. ¿Cómo nace una canción en manos de The Good Company? ¿Todos participáis en su composición, a nivel musical y textual?

La composición en TGC es introspectiva, viene fundamentalmente de mí, para lo cual me gusta estar bastante solo, como con los textos. Pero luego hay un ‘clic’ en el proceso en el que todo se vuelve colaborativo, y justo esa es la parte que más hemos trabajado en este disco, el que hubiera un orden, pero con la frescura de todos los miembros de la banda aportando lo suyo.

Por último, volvemos con Thoreau. Su vida en el bosque del lago Walden le sirvió para dar forma al que ha sido calificado como el “texto de no ficción más famoso escrito por un norteamericano”. ¿A dónde os gustaría retiraros, por un tiempo, para elaborar vuestra obra maestra?

La vieja ilusión infantil de construirte un estudio/casa en una zona rural en medio de la naturaleza y encerrarte ahí durante meses sigue estando en el top de cosas por hacer. En ese sentido vivir la experiencia de Thoreau, que estuvo casi dos años en un lago sería una bonita culminación de todo esto. Pero habría que invitar a amigos de vez en cuando, no todo va a ser soledad!

¿Y qué libro y qué disco os llevaríais a este “retiro”?

El libro sería Lecturas para minutos de Hermann Hesse. El disco , siempre digo este porque me tiene loco: el All your favorite bands de Dawes. Pero también el ‘Being There’ de Wilco (su mejor disco para mí). Aunque lo mejor sería no llevar nada. Toda la música y lecturas están ahí, en la naturaleza.

Sobran las palabras ante tan bonita sentencia final. Por ello, dejémonos llevar y entreguémonos al placer de disfrutar de The Good Company y su Walden Year.

— The Good Company son: Victor Ordoñez (lider y cantante),  Leonardo P. Alonso (trompa), Sergio Miró (batería), Leonardo Segovia (guitarra y teclados), Alejandro Velázquez (bajo), Néstor Hernández (guitarra) y Chaxiraxi Gaspar (segunda voz).

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