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Un malo, malote de verdad.

Por Ana Olivares

Esta semana os presentamos la última novela de Julia Navarro: Historia de un canalla.

Como su propio título indica estamos ante la autobiografía de un malo de verdad. El propio Thomas Spencer, un americano de familia acomodada, narrará su trayectoria vital conformando así la propia estructura en la que se divide la novela: infancia, juventud, madurez y declive final. Lo curioso de la narración es que él mismo imagina cómo podría haber actuado si hubiese sido una persona normal, ofreciéndonos una doble visión de una misma situación: lo que fue y lo que “debería de haber sido”.

Un recurso comparativo que nos ofrece un contraste entre la realidad de la mayoría de los mortales y la del protagonista. Aunque esta técnica resulta un poco repetitiva pues sólo sirve al lector ya que Thomas no se arrepiente de nada y por tanto no variará su modus operandi.

Dejando a un lado esta cuestión, el personaje tiene tantos defectos cómo virtudes: inteligente, egoísta, competitivo, despiadado, egocéntrico, narcisista, cobarde, mentiroso, misógino…etc. en general carece de escrúpulos; incluso llegas a pensar que no tiene alma. Sin embargo Thomas Spencer no es un villano de película, tiene sentimientos pero ninguno bueno. El odio que lleva aferrado en su corazón le hace disfrutar con el sufrimiento ajeno o simplemente a ignorarlo. Y el morbo que despierta una persona que no duda en manipular a su antojo a cuántos “necesite” para satisfacer sus necesidades sin importarle las consecuencias es un gran aliciente para no despegar los ojos de esta novela.
A medida que avanza la trama conoceremos algunos secretos que podrían afectar al carácter de Thomas, pero pronto nos daremos cuenta de que somos incapaces de justificarlo. Desde su más tierna infancia odia a su hermano pequeño –incluso tratará de matarlo- porque posee todos los rasgos de los que él carece. Lo envidia por parecerse a su padre mientras que odia a su madre por haber heredado de ella sus rasgos sudamericanos, se avergüenza de su familia materna. Tampoco sus maestros o compañeros de clase escapan a su mezquindad y conforme crece, también aumenta su odio irracional contra las mujeres, salvo a Esther, una joven de clase media con la que puede ser él mismo sin ser juzgado. Al menos eso siente él y no la dejará en paz hasta haberla conseguido.

Ya en su etapa adulta se dedicará a la publicidad a grandes rasgos pues en cuanto los magnates de su círculo se den cuenta de que es un “tiburón” para los negocios lo contratarán para que se ocupe del trabajo sucio de varios magnates. Entre tanto aplacará sus ansias mundanas sometiendo a varias clientas o prostitutas en sus ratos libres, poseyéndolas a su antojo y destrozando sus vidas porque sí.

Pese a ello tiene una vida que intenta organizar a caballo entre Londres y Nueva York, y ni siquiera en su vejez temprana se arrepiente de la estela de tragedia y horror que va dejando a su paso. Tan sólo el destino o una supuesta venganza será capaz de ponerlo en el lugar que le corresponde. Pero esta no es una historia de redención o de ejemplificación del karma, es la “historia de un canalla”. Que minará la idea de que la gente puede cambiar y nos generará incredulidad, asco y pequeñas dosis de rabia al mismo tiempo que una gran curiosidad por saber o tratar de comprender una personalidad tan compleja como la de Thomas Spencer.
He de confesar que no había leído ninguna novela de Julia Navarro a pesar de ser una escritora muy aclamada por la crítica. Gracias a este relato negro, turbio y desolador del ser humano reconozco que su capacidad narrativa es desbordante y llena de sentido. Sabe conectar con los sentimientos del lector y aborda personajes muy humanos amando por igual sus luces y sombras.

“Historia de un canalla” es entre otras muchas cosas un análisis antropológico de la maldad humana.

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