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Dear Audrey: folk propio.

Por Sandro Maciá

No cuentan décadas de trayectoria a sus espaldas, pero han sido correspondidos con el mismo éxito de quienes sí peinan canas. No suman en sus filas una amplia legión de músicos, aunque tampoco escatiman en diversidad sonora. No son desconocidos -¡menos aún en nuestras páginas!- y, sin embargo, todavía pueden disfrutar de esa efervescencia que viene ligada al hecho de cruzar la línea que separa lo emergente de lo idolatrado. No presumen de compadreo, pese a que se han codeado sobre las tablas con grandes compañeros. No, ellos no necesitan ser el sujeto en cada inicio de frase. Ellos, como solo los que son capaces de romper clichés saben hacer, van más allá de todo enunciado que aparentemente se torne negativo, convirtiendo en positivo todo tópico que se les quiera atribuir… Pues ellos, y sólo ellos, son Dear Audrey.

Como suena, compañeros y camaradas, aquellos mismos jóvenes que hace meses inundaban las líneas de nuestra virtual cabecera con todo lo que aconteció cuando, al ser proclamados como ganadores del III Vodafone Yu Music Talent, dieron a conocer al mundo -¡gracias!- su primer single “Journeys”, vuelven a protagonizar un merecido momento, gozando de un protagonismo que, esta vez, les lanza de nuevo a la palestra al continuar recorriendo el camino que allanaron con aquella canción y que hoy transitan con siete creaciones más, con siete temas que complementan al citado track y que, bajo su homónimo y viajero título, presentan en forma de disco: Journeys (La Cúpula Music, 2016).

Y, bueno, quien dice “disco”, dice en forma de “un señor disco”. Pues, por mucho que en su día cometiéramos el error –muy adrede, todo sea dicho- de prometer y augurar que la calidad del mismo ya se preconcebía como una apuesta segura –no olvidemos que Journeys, como single, nos encandiló-, tanto Atila como Guillermo y Hugo han tenido el detalle de no dejarnos con la palabra en la boca y, lejos de desilusionarnos o soltar el acelerador a medio gas, han elaborado un conjunto de canciones que mantienen una “estructura de voces que confluyen entre cuerdas folk y ritmos pop alegres y optimistas” –como ya dijimos-, y que les vuelve a hacer dignos merecedores de ser conocidos como cultivadores del “happy Folk”, como creadores de una alegre felicidad que rezuma frescura a partir de las notas que nacen de sus guitarras acústicas, su banjo, su mandolina y su piano.

Composiciones, éstas, que comparten casi en su totalidad un juego de voces característico –pero no repetitivo- y bien traído al contexto de cada corte, al sentido de lo que se va viviendo desde la inaugural Journeys –con un comienzo coreado que da paso a los tranquilos versos que preceden a un pegadizo estribillo, donde se retoma la alegría inicial, tanto a nivel musical como en lo referido a su texto- hasta la final You are more –ejemplo perfecto de la conjunción vocal antes citada y, paradójicamente, fiel reflejo de la parte más dulce de estos chicos y, a su vez, de la más festiva-; todo ello, pasando por ese aire “sureño” de Oh my dear –con solos tan bonitos como la propia melodía-, por la arpegiada base de guitarra sobre la que se va desarrollando Secret spot, por el eléctrico folk de Santa Maria Bay –una delicia, ya sea por la manera de narrar la historia que se cuenta o por el ritmo que la envuelve-, por la suavidad versal y textual de My bones, por el piano que encauza a la armónica Room 9, y por ese atmosférico arranque de One&Only –de reminiscencia cercana a los paisajes sonoros del tímido James Blunt que vimos triunfar en los 90, pero de carcter muy “auderyano” desde el momento en el que las guitarras se apoderan-.

Canciones, en definitiva, que nacen con un estilo propio y que no pasan desapercibidas para quienes aún tienen fe en que el folk y en las ágiles melodías de cuerda; melodías que, por cierto, les han valido a los componentes de Dear Audrey para pasearse por nuestro país compartiendo actuaciones con Love of Lesbian, Fangoria y Delorean, junto a los cuales abrirán el odafone Yu Music Show de Bilbao, el próximo 11 de octubre.

¡Y lo que queda!

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