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LOW2016

Deslumbrante Low 2016

Por Sandro Maciá

Lo bueno, ¿se hace esperar? ¡Sin duda! Y si alguien no lo cree, no tiene más que unirse al gran ejercicio de contención y paciencia que anualmente realizamos todos los fans del que ya es el festival de festivales veraniegos, a la magnífica proeza de resistir mes tras mes el transcurrir de los lentos días a golpe de ansiada confirmación, a la dulce cuenta atrás hacia el momento cumbre…, en definitiva, al serpenteante camino de ilusiones que todo incrédulo debería experimentar para poder ver que no sólo lo bueno requiere de espera sino que, además, toda demora merece la pena cuando lo que se ansía es algo tan brutal como lo acontecido durante los pasados 29, 30 y 31 de julio en Benidorm: el Low Festival.

Así, un año más, la ola indie azotó a la alicantina ciudad de los rascacielos, propagando de Levante a Poniente y de la montaña al mar, un buen rollo y un amor por la música que, ya fuese dentro del recinto del Polideportivo Guillermo Amor –lugar de celebración- o en las propias calles de esta gran villa pseudo-guiri, resultó palpable de viernes a domingo, de principio a fin, para los casi 80.000 jóvenes que se sumaron a la población habitual benidormense con la intención de poder ser partícipes de las más de 70 actuaciones realizadas en un espacio de tiempo breve pero intenso.

¡Y vaya si lo fuimos! Desde que abriera sus puertas, el Low fue en sí mismo la confirmación de que todo lo anunciado se haría realidad, y con creces, durante tres jornadas en las que el pop, el rock, la electrónica y hasta el punk –en pequeñas dosis y al estilo pop-punk- inundaron todos y cada uno de los escenarios del festival, cuya organización hizo gala de un timming bien respetado y de una gestión que, salvo alguna aglomeración en las zonas de entrada y salida al stage principal, estuvo a la altura a la hora de conseguir que los miles de lowers pudieran saciar su sed de directos sin mayor peligro que el de caer rendidos a los pies de Santi Balmes y sus Love of Lesbian –quienes mantienen como eje principal de su show las nuevas composiciones del Poeta Halley, combinadas éstas con hits como John Boy, Donde solíamos gritar, Algunas plantas…-, de morir de un ataque de felicidad al ver cómo Belle and Sebastian siguen siendo tan adorables como increíblemente profesionales sobre las tablas –lejos de centrarse en las obras de su nuevo trabajo, los de Glasgow retomaron las canciones que les hicieron grandes en los 90 (I’m a cuckoo, Piazza New York Catcher, Funny little frog…), a las que añadieron los cortes más festivos de su reciente Girls In Peacetime Want To Dance en un espectáculo que terminó con un frenético baile de fans junto a la banda, al ritmo de The boy with the arab strap-, o de rompernos en mil pedazos bailando con las mezclas de ElyElla Djs, apuesta más que segura para cerrar un “first round” con energía, hits de baile obligado y confeti entre los primeros rayos de sol.

Tras el impresionante inicio, nada desdeñables resultaron los días restantes, viviéndose un ecuador cargado de nostalgia con Los Planetas –no hay dinero en el mundo para pagar la emoción de ver sobre el escenario Budweiser a los granadinos entonando su Cumpleaños Total o volviendo a la retórica cuestión que en los 90 nos formulaban en forma de “¿Qué puedo hacer?”, sin perder un ápice de energía y psicodelia-, lleno del estiloso glam inglés de Suede -¿inmortales? ¡casi! Estos chicos no escatimaron a la hora de entregarse al público, tanto en lo referido a la interpretación de sus clásicos como en la presentación de los tracks de su Night Thoughts-, plagado de los excitantes golpes garageros de Black Lips o Los Bengala, del electro de Peaches y de la originalidad y saber hacer de tres grandes artistas de nuestro panorama patrio, como fue Sr. Chinarro –su voz grave volvió a revivir el costumbrismo de unas canciones que nunca pasan de moda-, La Habitación Roja –imparables con su Sagrado Corazón (y lo que ello conlleva: la dulzura de 24 de marzo, la ironía de Al querer, los recuerdos de L’Albufera…) e incombustibles con cierres como el que hicieron con Ayer- y Niños Mutantes –inolvidable momento el del multitudinario coro que arropó a Errante-.

Finalmente, ya en el último tramo del Low, y sin querer olvidarnos de la obligada mención a los más que destacables Exsonvaldes -¡oh, yeah!- y The Suicide of Western Culture, el viernes supuso el cierre de una trilogía músico-artística, un punto y a parte que fue rubricado por los exitosos Vetusta Morla –triunfadores de esta jornada, con un perfecto directo y un repaso a sus hits tan exhaustivo como valorado por casi la totalidad de los lowers, a juzgar por lo vivido allí mismo-, quienes pusieron el candado –hasta el año que viene- junto a 091 –mítico reencuentro el protagonizado por los de Granada, que vuelven pisando fuerte- y a unos The Kooks no excesivamente sobresalientes –ojo, que muy convincentes, sin duda-, al menos no si se comparan con el infalible Marky Ramone, quien demostró que la raza y el ímpetu ramoniano nunca se pierde.

Con todo esto, una edición del Low se despide para dar paso a otra. Otra que, seguro, seguirá aumento en calidad y cantidad, como ya ha ocurrido con la presente, cuya programación musical ha estado complementada en todo momento con una gran variedad de actividades para todos los públicos, pudiendo uno casarse en la White Chapel hinchable que llegó de mano de MTV, pasar por la cabina de bolas de Witko, ser parte del Escuadrón Suicida de DC o presumir de carácter lower junto a los compañeros de Radio 3.

¡Tres días para el recuerdo… y para que comience el countdown!

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