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El gran libro de cuentos americano

Por Eduardo Boix

Como he dicho muchas veces, me siento dichoso de haberme criado entre y por mujeres. Mi abuela, mi madre y mi madrina eran el trinomio perfecto. Al criarme en esta minisociedad matriarcal ha hecho que mi sensibilidad al mundo femenino tenga unas cotas más altas. Percibo los entresijos de ese mundo mejor que muchos hombres, a veces en exceso, me cuesta separar mis mitades masculinas y femeninas. No me cuesta reconocer estas facetas de mi personalidad, tal vez sean las causantes de mi trabajo como escritor o artista.

Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlín es unos de los mejores libros de relatos que he leido en mi vida. Lo digo así de categórico sin despeinarme pero es posiblemente una de las verdades más grandes que podría decir. Berlín murió en 2004 y fue en 2015 cuando entró en el listado de las grandes escritoras norteamericanas, compartiendo altar junto a nombres como Carver.  Lucia era hija de un ingeniero de minas y de una mujer fría, racista y alcohólica (así la describe en muchos de sus relatos). Pasó su infancia de ciudad minera en ciudad minera en Idaho, Montana y Arizona. Luego, su padre se fue a la guerra y Lucia, su madre y su hermana se quedaron en El Paso (Texas), donde Lucia asistió, becada, a un colegio de monjas, en el que era la única protestante; además, como su madre prefería la botella a sus hijas, Lucia vivía prácticamente con la familia siria de al lado (lo narra en el cuento Silencio). Tuvo, como puede verse, muchas oportunidades para observar las diferencias culturales por religión u origen social o geográfico, e incluso para imaginar qué habría sido su vida en otra comunidad, por ejemplo, si su familia hubiera muerto en un terremoto y ella se hubiera quedado a vivir con los amigos sirios ( Volver al hogar).

Con la adolescencia vino una nueva mudanza, a Santiago de Chile, y con ella, una metamorfosis: de niña estadounidense de clase media sin más, Lucia se encontró convertida en una señorita de la clase alta chilena, alumna de un exclusivo colegio privado, que dividía su tiempo, los fines de semana, entre las fiestas de la alta sociedad, con baile y cenas de seis platos, y visitas a los vertederos y chabolas en compañía de una profesora norteamericana, medio misionera, medio revolucionaria (el cuento en el que lo narra, Buenos y malos, es magistral, y el personaje de la profesora, inolvidable). Estudió después –quería ser escritora, o periodista– en la Universidad de California, donde entre otros, tuvo como profesor a Ramón J. Sender.

En los cuentos de Lucía Berlín hay enfermeras, madres, esposas. Mujeres que viven en la cuerda floja o que se agarran a una botella como si fuese su último recurso. Son cuentos crepusculares y donde los silencios estan presentes. La soledad lo que ha de venir se muestra con la sutileza de los grandes narradores. Manual de mujeres de la limpieza es posiblemente el libro definitivo de cuentos femenino. Que pena que falleciera, hubiese sido una gran premio Nobel.

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