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Una ventana por la que asomarnos a la oscuridad del alma humana.

Por Ana Olivares

Esta semana regresamos de nuevo con una novela policíaca de Siruela, una editorial que normalmente nos sorprende gratamente con sus apuestas. Monstruos rotos de Lauren Beukes es el mejor ejemplo de hasta dónde puede llegar la decadencia humana en una ciudad como Detroit, en la que el desempleo, la crisis económica y la delincuencia destrozan el llamado “sueño americano”.

Este thriller posee una estructura compleja en la que sus distintas ramificaciones se unen al final en un psicodélico desenlace -por no decir psicotrópico-. Es decir que contamos por un lado con la detective de homicidios Gabriella Versado (Gabi para los amigos) y un macabro caso de asesinato; con su hija Layla y su amiga Cas, adolescentes que juegan a ser justicieras mediante las redes sociales; a un grupo de indigentes que sobrevive como puede mendigando y saqueando casas vacías y a una pareja de jóvenes adultos, Jonno y Jess, que sueñan con “hacerse un nombre” uno como escritor y la otra como DJ profesional. Estas vidas paralelas sufrirán de un modo u otro la serie de atroces asesinatos que se está llevando a cabo en la ciudad.

El caso se inicia con la aparición del torso de un joven negro unido a la parte trasera de un cervatillo. Bambi se titula el capítulo, una escena macabra que no conseguiremos quitárnosla de la cabeza y que nos creará el morbo suficiente como para querer proseguir con la “investigación” de Gabi tras la búsqueda de un taxidermista perturbado o un artista frustrado que intenta crear su “mejor obra”.

Suburbios, peleas de instituto, exposiciones o fiestas clandestinas en las viejas fábricas, calles desiertas y edificios abandonados como refugio para indigentes son el marco de acción de este mundano thriller en el que todo mantiene un trasfondo oscuro y malvado, tanto como pueda llegar a enturbiarse un alma humana. Indudablemente ningún lector saldrá indemne de esta novela, pero ese es el objetivo de la estadounidense Lauren Beukes, la que incluso es capaz de introducir algo de “alucinógenos” para provocar aún más expectación y enturbiar esta serie de crímenes.

Respecto al tema de la “histeria colectiva” he de reconocer que me dejó algo atónita ya que no se explica demasiado este fenómeno en los últimos capítulos. Sin embargo, las conversaciones se adecuan bien según el contexto social de cada uno de sus personajes (aunque usa demasiados tacos) y trata temas comunes que ocurren día a día a modo de denuncia o concienciación moral, como en el caso del acoso escolar o por medio de las redes sociales o bien la pobreza, la delincuencia y la decadencia humana. También hallamos consuelo en actos valientes y altruistas en los que prima la lealtad, la amistad o el sentido del deber hacia el prójimo. Actos tan dispares entre sí que marcan la diferencia entre el bien y el mal y nos muestran la facilidad de cualquiera para cruzar esa línea invisible que distingue lo humano de lo monstruoso- de ahí su acertado título-.

Novela recomendable, no apta para lectores sensibles a la violencia, y algunos o a algunas encontraran similitudes con la serie americana “True Detective” por la puesta en escena de los asesinatos; aunque toda la novela en sí sea obra de la capacidad creativa de Lauren Beukes para entremezclar lo lúgubre dentro de la cotidianidad familiar. El libro estará en librerias a partir del 20 de enero.

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