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Nada es tan sencillo

Por Vanessa Díez

Todo ha terminado. Sigue en casa, por las niñas. Aunque ni le miras, quizá le hablas, pero sin tacto alguno. Ellas se dan cuenta, ya no son tan pequeñas. Algo pasa dentro de ti. No puedes evitarlo. Creías que podrías, pero no. Eres egoísta. Sólo piensas en ti. Y aún así te hundes en la desesperación. La culpa. La pérdida. Te llevan a un punto sin retorno en el que necesitas controlarlo todo para sentir que no estás en el fondo del pozo, en ese fango oscuro y frío.

Elisabeth y Nate llegaron a un acuerdo. Fácil y tácito. Lo suyo ya no era posible, verían a otras personas. Sencillo, en apariencia. Sin celos, sin querer saber detalles. Las niñas eran la prioridad. Había que mantener la normalidad, por ellas. Sus idas y venidas no cambiarían el día a día escolar, ni las clases extraescolares, ni el tiempo de ocio de las pequeñas.

Elisabeth se deja arrastrar por una pasión. Sólo sexo. Morbo y adrenalina. En el trabajo, en el sótano, en la oscuridad, en un rincón. Cuando analiza en frío la situación pretende frenar, terminar con aquella locura, volver a su rutina. Él en cambio no lo ve así. Quiere más, cada vez más. La quiere a ella, tan sólo a ella. Se obsesiona y pretende obligarla a dejarlo todo sin mirar atrás. Ella se niega. Él desesperado ante la actitud distante y fría de ella se suicida.

Un hecho que lo cambia todo. Un punto de inflexión. Elisabeth detiene el tiempo, tiene una herida que no le permite avanzar como si nada hubiera sucedido. Aún así tampoco puede permitir que Nate continúe como si nada, le atormenta, viéndola taciturna y perdida por la casa, ocupándose él de las niñas en ocasiones que ella había prometido hacerlo. Ella necesita saber que todo se hace con su aprobación, incluso el futuro, que no puede controlar.

Margaret Atwood es una escritora americana que fue premiada con el Príncipe de Asturias en 2008 y en varias ocasiones han mencionado su nombre para el Nobel de las letras. Ha publicado unos treinta títulos de poesía, colecciones de cuentos y quince novelas. Nada se acaba (Lumen) fue publicada en 1979 y hasta ahora no se había publicado al castellano.

Esta semana por el 8 de marzo, el Día de la Mujer, tuve entre mis manos “La maldición de Eva” (Lumen), la colección de ensayos de Margaret Atwood en la que habla de la mujer como escritora, lectora y como protagonista de una novela, entre otros temas claro está. Los escritores, tanto hombres como mujeres, han de ser egoístas para tener tiempo de escribir, pero las mujeres no están entrenadas para ser egoístas. En el acto del 8 de marzo Cuatro mujeres, cuatro miradas dejé varios libros entre el público (Un cuarto propio de Virginia Woolf, Guardar la casa y cerrar la boca de Clara Janés, Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie y “La maldición de Eva” de Margaret Atwood), fueron de mano en mano, si he plantado en alguien la semilla de la curiosidad por acercarse a alguno ellos me sentiré satisfecha, pues muchos son los pasos que se han dado, pero la mejor manera de no desandar el camino es conocer las historias de la otra mitad para verse en sus zapatos.

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