UA101349465-1

lewinhomenaje_g

La Tristeza de la Vía Láctea, póstuma presentación 

 Por Sandro Maciá

Vino de Buenos Aires y nos alegró la vida. Puede parecer exagerado, sí, pero en absoluto miento si, puestos a pedir, alguien hiciera lo propio y me solicitase una forma concreta de definir el efímero paso –como el de todos los grandes, cuya estancia nunca es suficiente- de un músico gigante por un planeta pequeño, o lo que es lo mismo, el breve devenir de alguien como Andrés Demian-Lewin a través de los días y kilómetros que configuran los horizontes de nuestra Tierra.

Podría usar otras palabras, vale. Quizá, parafraseando a los que tuvieron la suerte de conocerle, podría ser más certero y concreto en mis ideas, de acuerdo. Pero, de una manera u otra, lo que está claro es que cualquier referencia a este joven cantautor -37 años fueron los vividos cuando nos dejó las pasadas navidades-, más allá del dominio de la retórica que cada uno tenga, no sería justa ni real si no resaltase el espíritu aventurero y contagiosamente incansable de una de las figuras clave en la generación actual de artistas de “raza” y “sala” de Madrid, de alguien que mantuvo su amor y convicción por lo que hacía hasta el punto de dar forma –hasta donde pudo- al que es hoy su obra póstuma: La Tristeza de la Vía Láctea (2016).

De poético título y como si de un último adiós se tratara. Así es como se perpetua el talento de quien compartió vida y escenarios con artistas como Conchita, Tonxu o Diego Ojeda –entre otros-. De este modo es como no morirá en el tiempo la expresión musical del que fuera autor de Agencia de viajes (2003) y Animales y aeropuertos (2008), a través de un trabajo que, nacido a partir de las grabaciones que Lewin realizó junto a Pablo Cebrián en los Estudios Arcadia de Torrelodones antes de su marcha, es calificado por este último –artífice de la producción- como “un disco imprescindible para cualquiera, donde no existe el prejuicio y que rebosa verdad”.

Igual que Cebrián, quien alaba que a Lewin “le encantaba su disco y se sentía enormemente orgulloso”, no pocos son los elogios que avalan la calidad –artística y personal- de La Tristeza de la Vía Láctea, cuya emotiva construcción nos conduce a recorrer una cósmica portada –complemento ideal de su canción Una vuelta de Halley- que según Jesús Sarabia, su autor, ya estaba “lista semanas antes de que Andrés nos dejara, pero evité enseñársela antes de acabar el desarrollo completo del diseño; temía que no le gustase de manera aislada”, y a ver con la perspectiva de quienes convivieron con el cantautor cómo cada canción es, como dice Conchita al hablar de él, “totalmente imprevisible”.

Una perspectiva, además, que será palpable y real y que podremos disfrutar gracias a la reunión-homenaje que sus compañeros y amigos ofrecerán el próximo 16 de marzo, a las 21.00 horas en la sala Galileo Galilei de Madrid, momento en el que la delicadeza de Lewin volverá a sonar, pero en otras voces, y sus canciones, aunque en manos de otros músicos, serán reales y llegarán más allá de las estrellas.

Preciosa ocasión. Gran día para revivir su “Buen camino”, “Correr”, “Este fin”, y otros temas que, ahora más que nunca, son puro Lewin.

Share This