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Imparable IX SOS 4.8

Por Sandro Maciá

Según algunos eruditos y otros tantos refraneros que afloran con la emergente y mágica energía que parece traernos cada comienzo de siglo –nótese la ironía, háganme el favor-, “al lugar donde uno fue feliz no se debe volver”. ¿Será por no comparar recuerdos y experiencias derivadas del temido binomio antes-después? ¿Quizá responda esta –ejem, calificativo que me callo- afirmación al hecho de no aferrarnos al reconocimiento de la felicidad en un solo lugar? ¿Es posible que dicha reflexión nazca del miedo a empeorar la evocación de lo que un día nos pareció asombroso? ¿Será que…? ¿Puede que…?

¡Al carajo tanta especulación! Esto es tan sencillo como que los que se han empeñado en defender tal idea –ya os lo digo yo- nunca han ido al festival que este pasado fin de semana convirtió a Murcia en el centro de todas las miradas y en la diana de todos los tímpanos fanáticos de la música y el arte más vanguardista del momento: el SOS 4.8. Pues, de haber acudido a ésta, la novena edición del evento más internacional en cuanto a cultura contemporánea de la región del Segura y de las envidiables y ricas huertas, no sólo acabarían por renunciar a la autoría de semejante dicho, sino que terminarían acampando junto al recinto para poder volver anualmente.

Y es que, un año más -¡ojo, que ya va casi una década al pie del cañón, como buen feligrés!-, el SOS 4.8 ha ofrecido lo esperado y ha sabido convencer a los más de 60.000 asistentes al recinto de La Fica durante sus jornadas de que un cartel nutrido de talento, aun sin ser extremadamente arriesgado ni rozar la ansiada espectacularidad que muchos deseábamos leer en cada confirmación, siempre se impone a la reticencia y a la duda de quien cuestiona el triunfo o el fracaso de este tipo de eventos.

Tanto fue así, que durante los dos días clave de esta celebración (sin desmerecer al jueves ni al domingo), no hubo tiempo para cualquier reflexión que no fuera positiva -más allá de los gustos personales-, o que conllevara algún tipo de crítica ajena a lo que suele implicar la lógica “supervivencia” dentro de las lindes de un “fest” de esta magnitud –véase las inevitables colas para los aseos o para la compra de los amados (por precio y por lo que supone su uso) “tokens”-. Bueno, ni tiempo ni moral, pues muy en contra de nuestros principios y sentido común habríamos ido si no hubiéramos centrado toda nuestra energía en disfrutar del “resurgir” de unos Manic Street Preachers que parecen haber vuelto a querer ser parte visible del panorama musical actual, tras la desapercibida existencia de la que hacían gala tiempo atrás; de la energía de Chvrches y su impecable, revitalizante y fresco recorrido por unos hits perfectamente seleccionados para hacerse un hueco entre los ya considerados “platos fuertes” de este SOS; de la fuerza y empatía de unos León Benavente que, al ritmo de temas como Gloria o Ánimo valiente supieron encontrar un equilibrio entre las nuevas composiciones y sus himnos consagrados, disfrutando (ellos y nosotros) al más puro estilo de aquellos Love of Lesbian que nos encandilaban antes en cada concierto y que, sin embargo, en esta ocasión abusaron de empalago; del misticismo rockero –cada vez más “salvaje”, por suerte- de Amaral y su mágicamente puesta en escena para la presentación de Nocturnal; de la potencia sonora (¡y vital!) de Triángulo de Amor Bizarro, cuyo despliegue sonoro y “ruidismo” concentrado se expandió hasta demostrar lo que realmente valen y hacerse querer como merecen; de la cercanía –“geográfica” y artística- de Second y sus canciones, coreadas por todos desde cualquier “rincón” del lugar; de Of Montreal, dignos patronos de su repertorio y estilo, no defendido con exagerada alegría, pero sí con la solemnidad esperada; de los amados y odiados The Libertines, hábiles y generosos para unos y tristemente repetitivos para otros; y de unos casi vírgenes Nueva Vulcano, gran descubrimiento para los que aún no tenían el placer de rasgarse las vestiduras con su música.

No obstante lo anterior, al margen de las propias bandas, los Djs encargados de cerrar la programación de algunos escenarios o de amenizar la multitudinaria y continua afluencia a las orillas de la “cabina” del SOS Club, también supieron mantener el estatus y el nivel que su figura representa para un festival que, caracterizado por amplias dosis de electrónica a los platos, sigue apostando por hacer de estas actuaciones una parte importante del cartel, como bien atestiguaron los grandiosos Angelpop, Najwa Nimri, Luciano o Eme, entre otros.

Con todo esto, a la espera de la gran cita que, suponemos, será la décima edición del SOS 4.8, la presente celebración se despide con un sabor dulce y con un colofón de lo más interesante, finalizando sus actividades con una de las novedades programadas en este 2016: los “Aperitivos del SOS”, iniciativa que permitía el acceso libre y gratuito para todos los públicos a una zona de actuaciones, restauración y ocio.

¡En 2017, más aún!

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