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Versión deluxe de “Sorry All Over the Place” de Metropól.

Por Sandro Maciá.

Igual que el Mediterráneo, bañando las costas de Valencia, permitió la apertura de la ciudad al mundo. De la misma forma que los amplios arrozales decoran los paisajes que envuelven a la ciudad del Turia. Al estilo del dulce estruendo que marca toda celebración en la localidad donde los fuegos artificiales se mezclan en un áspero –pero gustoso- mix de canciones populares y pólvora… Así, con esa autenticidad. Con ese carácter de la tierra que les vio nacer y con todo lo que ello implica, es como llega hasta nuestras páginas Metropól, banda valenciana que, formada a finales de 2011 por Ray (cantante), Julio (guitarra y piano), Javier (batería), Jota (bajo y synths) y Pau (synths y guitarras), se encumbra estos días en lo más alto de las listas nacionales con un trabajo muy especial: la edición deluxe de Sorry All Over the Place (PlaySpot, 2016).

¡Y vaya si es especial! Pues estos jóvenes valencianos, aun sabiendo ya de qué va el éxito gracias a la fama cosechada con su alabado debut -My Own Gravity, 2011, presentado en España y México- y con la posterior reedición del mismo en un Ep de formato acústico -The Acoustic Sessions, 2013, que les valió de digna muestra de su versatilidad como compositores y les permitió ser ganadores del Volkswagen Fender Fast Song y finalistas del famoso Red Bull Bus Tour-, se lanzan ahora a la aventura de rizar el rizo y completar el precioso tracklist de temas que dan forma al citado Sorry All Over the Place con cinco canciones inéditas, con cinco nuevas piezas que terminan de borrar los límites del cosmos que conformaron todas y cada una de las notas que aparecen en el disco original y que logran que éste, antes hermosamente amplio en cuanto a matices electrónicos y de pop-rock alternativo, llegue a ser infinito.

Prueba de ello, de esta oportunidad que nos brinda Metropól de volver a asomarnos al universo que tejieron a principios de 2015 y de poder apreciar cómo el vasto horizonte que ya costaba delimitar en su día, crece hoy en sonidos y letras, es Infinite jest, el primero de los temas que encabeza la lista del quinteto de tracks incorporado a la reedición del disco –le siguen, por orden: Blood sister, The joke, James O. Incandenza y Widower-, un corte que capta ese halo atmosférico del grupo. Un aire, más bien, ecléctico, que se desarrolla mediante el paso de las sigilosas estrofas protagonizadas por la voz de Ray hacia la explosión de envolventes sintetizadores, y que sirve, a su vez, para dar a cada canción una identidad propia pero conjunta, pues todas ellas persiguen el fin último del disco primigenio: rendir tributo a uno de los libros más influyentes de la literatura moderna, La broma infinita (“Infinite Jest”) de David Foster Wallace.

¿Será por eso que sus canciones están plagadas de referencias a la ficción y al entretenimiento –bases de la novela en cuestión-? ¿Será la infinidad propia de la grandeza de sus composiciones un reflejo de que la libertad, como se desprende del libro, nunca termina de ser definida? Será, seguro. Y si alguien duda, no tiene más que escuchar Cage, primer single del disco (ya incluido en su primera versión), cuya contundencia y ritmo festivo -¡y bailable!- evoca esa interrelación entre la obra de Foster Wallace y las creaciones de Metropól.

Sorry All Over the Place era grande pero ahora, con más azúcar, es más dulce.

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