ARCO 2019: rentable arte de Madrid al mundo.

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por Sandro Maciá

38ª edición de ARCO, “la mejor de la década”

Si hay una fecha que sirva de pretexto para que Madrid se engalane –más de lo habitual-, si existe un tiempo para que la belleza y su concepto como excusa para sacar de las entrañas lo más puro –y a veces bizarro- de nuestra naturaleza humana, si puede darse el hecho de que una semana reúna entre calles y avenidas a miles de amantes del difícil ejercicio de dejar huella en este mundo, esa es, sin duda, la comprendida entre dos días grabados a fuego en la memoria de todo “fan art” y coleccionista que se precie: los que marcan el principio y el final de la consagradísima feria ARCO.

Y es que una vez más, este evento, constituido como un referente del arte contemporáneo mundial –“peros” a un lado, seamos sensatos- volvió a ser el centro, desde el miércoles 27 de febrero y hasta el domingo 3 de marzo, de toda una serie de actividades que no sólo acercaron la cultura a la humilde mirada de la ciudadanía en general –ya fuera experta, seguidora o profana en el mundo de los trazos, las instalaciones, las performances y demás formas de expresión-, sino que fueron el lienzo perfecto sobre el que contextualizar una edición que reunió a más de cien mil personas y que contó con un nivel galerístico tan notable, cuantitativa y cualitativamente hablando, que ha llevado a la propia organización a calificar a la presente edición, ya la 38ª, como “la mejor de la última década”.

¿Será porque el ritmo de ventas, según han manifestado las galerías, ha subido? ¿Puede que se deba al incremento del 8% -con respecto al año anterior- en el número de profesionales asistentes los primeros días de feria, contabilizando un total de 35.887 personas? ¿Habrá tenido algo que ver la gran afluencia de profesionales -700, concretamente- procedentes de Latinoamérica y de Perú, país invitado en esta ocasión? ¿Quizá haya sido gracias a la presencia de coleccionistas patronos y miembros de museos americanos como New Museum, Chelsea Art Group, Meadows Foundation, Tate Americas Foundation o el Metropolitan Museum of Art de Nueva York?

Sí y no. O lo que es lo mismo: se debe a todo lo anterior y a mucho más, ya que no sólo la cantidad ha permitido llegar a tal conclusión, sino que la calidad de lo presentado ha vuelto a poner de manifiesto que uno puede alcanzar casi el éxtasis “teresiano” cuando se adentra entre los blancos muros de Ifema -recinto que acoge la feria- y descubre proyectos tan brutales como los de Jonathan Lasker -cuyos óleos para Timothy Taylor combinan a la perfección con la geometría de sus trazos sobre grandes lienzos-, Peter Halley -nunca diferente pero tampoco igual, con sus potentes colores entre rectos espacios-, José Pedro Costigliolo -punzantemente triangular y conciso con sus acrílicos para La Galería de Las Misiones-, Riko Sakkinen -polémicamente adorado por “Nuestros reyes favoritos”, de elaboración acrílica y marcador permanente para Forsblom Gallery-, el estudio Trisorio de Nápoles -de realistas propuestas, estética y técnicamente-, Diana Fonseca -con naturales ideas, ejecutadas elegantemente mediante el uso de maderas pintadas para El Apartamento-, Ana Barriga -coloridamente atrevida con sus óleos para la murciana T20-, Willie Cole -con su dragón callejero conformado a partir de zapatos e hilo de metal para Alexander and Bonin-, Daniel Lergón -”anónimamente” alentado por el fluor de sus verdes ideas para la alemana Crone-, Fabienne Verdier -al estilo de un Liechtenstein destexturizado pero impactantemente sugerente para Lelong and Co- o Antonio Ballester y sus “patterns” aplicados sobre yute para el lisboeta Pedro Cera.

Proyectos, estos, que son sólo una pequeña muestra de lo que aconteció durante el evento y de lo que supuso para los propios profesionales del sector, quienes no dejaron pasar la oportunidad de invertir, como se deduce de algunas confirmaciones sobre las compras institucionales y corporativas por parte de la Fundación ARCO -por valor de 140.000 euros y correspondientes a 7 artistas de 7 galerías participantes en la presente edición: Marion Verboom (Jerome Poggi), Tania Pérez Córdova (Martin Janda), Santiago de Paoli (Jocelyn Wolff), Henrik Olesen (Chantal Crousel), Rodrigo Hernández (Chertlüdde Galerie), Lia Perjovschi (Ivan), y Daniela Ortiz (Àngels Barcelona); del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía -que ha adquirido 19 obras de los artistas Maja Bajevic, Néstor Basterretxea, Andrea Büttner, June Crespo, Alejandro Garrido, Lugán, Rosalind Nashashibi, Marwan Rechmaoui y Azucena Vieites, todas ellas por un valor de 350.000 euros-; el CAAC MALI, Museo de Arte de Lima -comprador de la obra de Claudia Martinez Garay -Ginsberg-; o la Fundación Helga de Alvear, que ha adquirido piezas de artistas como Jenny Holzer, Mario Merz, Antonio Ballester-Moreno, Jan Dibbets, Minjung Kim y Sol LeVitt.

Junto a este auge en la venta, del que sólo las pinceladas anteriores suponen ya un detalle digno de mención frente al total de obras adquiridas, tampoco es menos importante dejar constancia de que esta feria mantiene su compromiso por fomentar el interés -mutuo pero necesario- de las grandes instituciones y empresas de procedencia nacional e internacional en el ámbito artístico, proporcionando estas un casi imprescindible apoyo en forma de premios, como el de ARCO/Comunidad de Madrid para Jóvenes Artistas -otorgado a Mercedes Azpilicueta (galería Nogueras Blanchard) y a Asunción Molinos Gordo (galería Travesía Cuatro)-, el de Cervezas Alhambra de Arte Emergente -que recayó en la artista Elena Alonso, por su obra s13, r19, z26- o el ARCO-BEEP de Arte Electrónico -que seleccionó The Wall of Gazes (2011), creación del artista argentino Mariano Sardón (galleria Ruth Benzacar)-, por citar algunos.

En definitiva, gran semana y espectacular muestra de que lo contemporáneo ya ha dejado, deja y dejará la huella que define nuestra historia, al margen de que la polémica, para los buenos entendedores, venga servida en un formato de dos, tres o cuatro metros de monarquía repudiada.

 

 

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