Clara Plath vuelve con Oscura.

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por Sandro Maciá

La oscuridad de la experiencia de Clara Plath

En serio. ¿He hecho algo para que el karma me sea devuelto de forma tan positiva? Vale que malo, lo que se dice malo, no soy. Pero, ¿a tal grado de buenas prácticas está llegando mi paso por este mundo para poder ser testigo de un retorno “kármico” que emociona hasta poner los pelos de punta? Quién sabe…

En cualquier caso, yo me aferro a lo que viene y, sea por cuestiones cósmicas, energéticas o casuales, lo que ha acontecido esta semana supera con creces lo que podría esperar, pues no sólo me hallo ante la irrupción en mi tranquila vida de un nuevo disco de unos queridos artistazos sino que, además, tal notición llega con el añadido de que estos han decidido alegrarme la existencia con una evolución sonora, textual y rítmica digna de ser contada.

Y por eso, precisamente, aquí nos encontramos, para contarlo, para gritar a pleno pulmón que ha vuelto Clara Plath y que lo ha hecho deslumbrando con Oscura (Flor y Nata Records, 2019), una obra compuesta por nueve canciones y seis poemas que se suceden perfectamente amparados bajo el concepto que representa su fonéticamente seductor título, dando lugar a un trabajo que se viste de negro para, a través de esta comunión entre poesía y música, hacernos partícipes de la honestidad que Rober y Clara -como únicos intérpretes- manifiestan al abrirnos sus “puertas de atrás, las que nadie quiere ver y por donde nadie quiere pasar”.
Una honestidad que no les confiero sólo yo como virtud, sino que les corresponde como adjetivo bien merecido tanto por la propia presentación de la obra y su concepto, como por la coherencia evolutiva que han demostrado al pasar de “una brevedad textual que serpentea entre oscuros golpes de cuerda y un sigiloso ritmo” -así nos referimos a ellos en su día al hablar de su anterior disco, Yes I’m Special (Flor y Nata Records, 2017)- a una contundencia palpable en forma y fondo, manteniendo el citado “know-how” pero eliminando todo atisbo de luminosidad, siendo consecuentes con su idea de ofrecer unas composiciones que rezuman oscuridad pero no se alejan del público.

Al contrario. Lejos de parecer distantes -característica a veces inherente a las propuestas oscuras o demasiado personales-, lo que Clara Plath consigue al compartir sus pesadillas o malos tragos es crear canciones que van desde las guitarreras declaraciones de intenciones de De menos -escuchen: “te echo de menos / sensatamente / que alguien me traiga / a mi amante fiel”- hasta la “revisita” a su I’m special -melódico recuerdo, sin duda-, sin dejar de lado la majestuosa Over me -ojo a su desarrollo, casi a modo de marcha acompasada que va creciendo por momentos y en cuyas estrofas se entrelazan las voces-, la siniestra y dulcemente incómoda Hotel Honduras, la apocalíptica La sombra -”uno a uno abandonan la ciudad / y nadie dice nada”, la metafórica Autopsia -”salió la bestia / llegó el dolor”-, las etéreas -en forma, que no en texto- Waiting for my dog y Truly, y la rockera Second Floor.
Si de ellos ya anticipé que “la rendición está servida”, con Oscura queda claro que no puedo más que confirmarlo, porque nadie quedará a salvo de la atracción del “tenebroso” concepto que plantean ni de la buena traducción musical que han realizado del mismo en los temas del disco, cuya grabación tuvo lugar en los estudios Second Floor de Murcia durante 2019, contando con la masterización de Manuel Torroglosa en “La Sala de Máquinas”.

 

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