Cuando nadie nos ve

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por Ana Olivares

Podemos descubrirnos siendo lo que ocultamos ser. 

Lamento no haber podido hacer esta reseña para Semana Santa. Sin embargo, pude disfrutar de esta novela en plenas fiestas. Ambientada en Morón de la Frontera, Sevilla, donde pasión y tradición van unidas de la mano; y en general en todo el Sur de España, donde parece que se vive con mayor intensidad la liturgia religiosa pues casi forma parte de la identidad de sus habitantes. En el resto del territorio también, además, como bien dice su autor, esa especie de “escenografía” que acompaña a dichas festividades nos transporta en ocasiones a la infancia, donde las muestras de fervor religioso podrían incluso infundirnos algo miedo a edades tan tempranas.

Imagino que habría muchos ateos huyendo como la peste de este tipo de celebraciones; sin embargo, seas creyente o no, que mejor momento que en plena Semana Santa para disfrutar de las muertes de algunos costaleros drogados y de otros sucesos perturbadores que enturbiarán el ceremonial religioso. Evidentemente tiene muchos otros puntos fuertes a destacar, pero éste es por su originalidad, ya que no es frecuente encontrar un marco como este dentro del género.

Cuando nadie nos ve, es una novela negra, que parece iniciar la saga de novelas protagonizadas por Lucía Gutiérrez, teniente de la Guardia Civil, férrea y curtida, donde la mala leche y la vocación la convierten en una mujer odiada y respetada a partes iguales dentro del propio cuartel. Iremos descubriendo episodios de su amargo pasado y de cómo la experiencia, tanto laboral cómo personal ha acabado haciendo mella en su carácter. Sin embargo, su discurso interior es tan sincero que nos embaucará, haciendo que nos planteemos algunas dudas existenciales tan esenciales para el autoconocimiento. Junto a ella trabaja el cabo primero Víctor Martín, quien se esforzará por esclarecer los oscuros acontecimientos que están sucediendo en Morón; además de tratar de demostrar que está a la altura dentro del cuerpo. Pero quien destacará realmente será María Sánchez, el verdadero cerebro de una investigación complicada en la que intervendrán múltiples factores; gracias a sus dotes informáticas y el obligado trabajo de campo junto a Lucía, la harán descubrir otras cualidades que permanecían dormidas en ella. Bajo esa fachada de joven con aspiraciones más altas atrapada dentro de un pueblo por “tradición familiar” encontraremos otra heroína encubierta. Pero las cosas se complican debido a la aparición de Uriarte, el comandante enviado para sustituir a Lucía.

Los tres comienzan investigando el supuesto suicidio de un famoso twitero anónimo a lo samurái que consumió drogas antes de morir. En un primer momento, parece que la consumición de drogas está causando accidentes y muertes en algunas cofradías de Morón. Si a esto le sumamos la repentina desaparición de Alex, un niño de ocho años, junto con los sospechosos movimientos de un trabajador de las oficinas bancarias, Silvano Montes; más el hallazgo de un cadáver de un soldado americano cerca de la base militar del pueblo, tenemos una trama compleja y muy elaborada.

Tenemos que destacar los diálogos interiores por parte de cada uno de los personajes, y los expuestos ya que tratan temas de actualidad de forma abierta o sutil; pero nos sumergen de nuevo en la reflexión de cuestiones por abordar dentro de nuestra sociedad. Cómo la necesidad de eliminar el machismo del lenguaje coloquial, la pedofilia –tan arraigada a la Iglesia-; la ignorancia de las creencias ante la lógica; la depresión y el suicidio; las enfermedades degenerativas como el alzhéimer o la demencia senil…etc. Todos ellos tratados desde un punto de vista tan humano que nos ayudan a identificarnos e intentar comprenderlos mejor. La narración es reveladora, existen diversas frases en el libro que anidarán en nuestra mente por la verdad que encierran.

La forma de presentar los capítulos coincidiendo con los días festivos y encabezados por un versículo de la biblia que se ajusta metafóricamente a lo que vamos a encontrar en él también nos demuestra el detallismo con el que está escrita esta novela. Además, posee una escenografía acorde con la realidad que se nos muestra, haciendo que nos atrape aún más su trepidante trama, con personajes muy humanos y en una investigación basada en pruebas y hechos que hacen muy real esta ficción.

La mala leche de Lucía me ha enamorado. Su forma de esconder sus sentimientos para enfrentarse al caso a la par que atraviesa por una especie de catarsis personal, la hacen tan sincera que casi sobra la redención por su parte. No posee cualidades innatas como un súper héroe ni nada por el estilo, su secreto es: trabajo y sacrificio.

Justo cuando llegué al final, donde el título cobra sentido, me di cuenta de que hacía meses que no había disfrutado tanto con una novela policial. No suelo informarme del autor de un libro hasta que no me lo haya leído, para intentar estar libre de prejuicios. Ni siquiera la solapa donde aparece su foto y una pequeña biografía. Para mi sorpresa, Sergio Sarria es guionista y escritor además de coordinador de guion de El Intermedio, programa con el que consiguió de la Academia de la Televisión un Ondas y un TP de Oro. Actualmente trabaja en ficción y ha sido guionista de la serie de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla Capítulo 0 (Movistar). Si antes de leerme su biografía ya me había encantado esta historia y sus personajes, ahora ya sobran los motivos para decir que se trata de una de las mejores novelas policíacas del año en España –en mi humilde opinión-.

Que fácil ha sido seguir una trama perfectamente elaborada que nos envolverá hasta darnos cuenta de que no podemos dejar de leer para descubrir un ansiado final.

 

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