El club de las 50 palabras de Ana B. Nieto.

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por Vanessa Díez

Creer es lo único que nos salva. ¿Creer en qué? Realmente no importa. Si nos sirve adelante, si los demás nos siguen en nuestra forma de pensar, si van detrás de nosotros, dejará de importarnos en algún momento del camino. Tan sólo nosotros sabemos nuestra historia, aunque la contemos nunca estaremos diciendo toda la verdad, pues omitimos muchas partes para evitar el dolor e incluso la posibilidad de que nos compadezcan. Seguir con nuestra esencia intacta será una dura batalla contra nosotros mismos, porque irán cayendo pedazos de inocencia al llegar a la edad adulta. Nuestro niño interior será sacrificado por crecer al intentar convertirnos en uno más de los adultos perdidos que soportan la realidad a nuestro alrededor.

“El Club de las 50 palabras” es una preciosa historia. Tierna y dura. Su mensaje es muy importante. No pierdas la ilusión por la vida por muy duras que sean las circunstancias. Avanza por tu propio camino, según tu ritmo y tu tiempo. Cuando te enfrentas a cualquier desgracia los demás pueden decirte si lo han vivido cómo fue su experiencia, pero nunca podrán vivirlo por ti. Tu angustia no será la suya, ni tu miedo tampoco. Aunque debas superar ese trago amargo de la vida cada uno lo hace de forma diferente.

“El Club de las 50 palabras” comienza con una mujer insólita que vive sola con su hijo. Que una mujer en nuestro país fuese madre soltera ya era algo señalado, si además era extranjera más, pero ella también se reunía con otras mujeres para hablar de literatura. Estar lejos de casa es duro. Se necesita crear una red de relaciones para amortiguar las emociones de la distancia. Alice había dejado Nueva Zelanda por amor, ya en España había quedado con el tiempo sola con su hijo en un pueblo de la costa levantina. El padre ausente era hombre de mar y no había dejado su primer amor por ellos.

El mar y todo lo que representa es un personaje importante en esta novela. David crea un mundo propio a través del océano. Se refugia más tarde en el faro de su tío que lo acoge tras la marcha de su madre. En los sótanos de los pasadizos de las casas él encontrará puertas a un mundo mágico, que ya desde niño le ayudará a soportar el dolor de la realidad, pero le seguirá como adulto también. Así dedicará su vida a navegar durante muchos años, quien sabe si buscando a los ausentes de su historia. El mar siempre el mar como fiel compañero.

Ana B. Nieto ofrece una bella forma de enfrentarnos a la muerte. Sin píldoras que anestesien el dolor. Tan sólo nuestro propio mundo imaginario que nos aleje del dolor de la realidad y ya si somos capaces volver para recibir el golpe o no, optar por nuestra propia versión y dejar de lado el sufrimiento. Es una gran historia para esta sociedad que no se enfrenta realmente al dolor ante la muerte, si no que lo cubre con pastillas y cada vez con mayor dosis, sin enfrentar la cruda realidad del mundo adulto, tendríamos quizá más defensas si no hubiéramos dejado desaparecer a nuestro niño interior bajo los escombros del crecimiento.

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