El mar alrededor de Keri Hulme.

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por Rubén Olivares

Hay novelas destinadas a ver la luz, pese a los obstáculos que la frenan. Esto no las convierte en grandes novelas, pero si les da una pátina de heroicidad y de tenacidad que les dota de un aura de misterio que atrae a ciertos lectores. Algo de esto sabe Keri Hulme quien, tras invertir diez años de su vida en escribir esta novela, vio como los editores rechazaban uno tras otro su publicación hasta que finalmente una pequeña editorial feminista y alternativa decidió darle una oportunidad. Y, ¡oh sorpresa!, se convirtió en un éxito inmediato que, unos meses después de su primera edición, se alzó con el premio Booker. Nada mal para una novela escrita por una autora primeriza, de origen maorí y neozelandesa. Y esto último no lo digo con acritud, pero, seamos sinceros: ¿cuántos autores neozelandeses tenemos en nuestras estanterías? Pues eso. El segundo problema con el que tuvo que lidiar eran sus orígenes, y no por ser maorí, sino por imbuir toda la historia de su cultura, desconocida más allá de las aguas de Nueva Zelanda (e incluso en la propia isla). No obstante, Keri Hulme supo superponerse a estos y otros problemas para brindarnos este novelón (por que no es una novela, es un novelón, tanto por su extensión de casi 700 páginas como por su estilo narrativo y sus personajes).

“El mar alrededor” es la historia de una mujer que vive aislada y sola en una torre junto al mar que ella misma ha construido, gracias a la pequeña fortuna que obtuvo con la lotería. Una tarde, un niño rubio, asilvestrado y mudo llega a su casa, donde pronto descubrirá que su pequeño invitado tiene el mal hábito de apropiarse de pequeños objetos. Ella lo acogerá a regañadientes, hasta que su padre pueda volver a recogerlo, el cual resultará ser un padre adoptivo: un hombre de ascendencia maorí, viudo, que rescató al niño de un naufragio del que él resulto ser el único superviviente. Rápidamente se establece entre ellos una compleja relación que avanza a lo largo de una violencia contenida que se mueve entre la atracción irracional y el miedo a perder la soledad que protege al trio.

Keri Hulme deja libre la prosa, escribiendo su novela con un torrente de palabras, con la sensación de que va a desbordarse y que sus palabras van a acabar confundiéndose en una maraña, pero manteniendo en todo momento el control sobre las mismas, logrando que lo que amenazaba con convertirse en una tormenta sin sentido derive en una fresca y novedosa prosa que logra atraparnos desde las primeras páginas. Adopta soluciones literarias arriesgadas que dotan a la novela de un mayor dinamismo al tiempo que recupera y ahonda en la tradición oral maorí, integrándola de manera natural en el relato. Keri tiene una particular forma de escribir que, gracias a que sus editores permitieron que permaneciera, dota a la novela de una mayor naturalidad y le imprime un sello personal que la dota de vivacidad. Sin duda aprenderemos nuevas palabras para expresar aquello que no tiene aún un nombre propio, como paloarpón o verdemarino y nuevos tacos para declamar. Sin duda alguna “cagoendiez” y “ciempollas” han pasado a enriquecer mi vocabulario. No todo lector que se acerque a esta obra logrará llegar a buen puerto con la misma. No resulta una novela de lectura fácil, pues es extensa, mezcla diversos estilos (narrativa, poesía, primera y tercera persona, realidad y magia) y además incluye frases en maorí, para lo que tendremos que acudir al pequeño glosario que se incluye al final, y, por si fuera poco, exige mucha motivación e implicación para seguir adelante a lo largo de sus casi 700 páginas, porque no siempre disponemos de tiempo y paciencia para dedicar horas a un libro como este. Pero quien logre acercarse a la novela y acabarla con éxito sentirá que el tiempo dedicado a merecido la pena, que ha descubierto a una gran novelista y que ha ido creciendo y madurando con los personajes, al tiempo que acabará experimentando mucha rabia e indignación, porque no siempre las historias tienen un final feliz, pero eso es algo que el lector deberá descubrir por sí mismo.

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