El trabajo delos ojos de Mercedes Halfon.

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por Rubén Olivares

Hay ocasiones en los que las mejores lecturas las obtenemos por casualidad. Hallazgos fortuitos entre estanterías de librerías, críticas en revistas que capturan nuestra atención, recomendaciones de amigos que nos conocen. Otras simplemente es el envío de la última obra de una autora que desconoces y por la que ha decidido apostar una atrevida editorial. En estos raros casos, este libro pasa a ser una de las obras que te acaban acompañando a lo largo de los días y a cuyas páginas vuelves cuando necesitas una “dosis de buena lectura” (confesémoslo, cada uno tiene sus propias adicciones). 

 

La obra de Mercedes Halfon es un ejemplo de la corriente hibridista que algunos autores están imponiendo lentamente en la literatura. Bienvenida sea, por lo que a mí respecta. En esta obra encontraremos elementos propios de la narrativa mezclados con el ensayo oftalmológico y las disquisiciones sobre las enfermedades oculares, junto a la reflexión autobiográfica con la que su autora se desnuda ante el lector. ¿Y de todo esto puede surgir una buena obra? Sí, si se tiene el talento de Mercedes Halfon, si uno es capaz de mezclar distintos estilos literarios sin recargar su obra y sabe cuando es el momento de introducir la narrativa para aligerar las disquisiciones del ensayo o como contar una anécdota personal para dotar al relato de una mayor veracidad. Hablar de las enfermedades que uno padece, reflexionar sobre la evolución de la oftalmología sin acabar en un tratado para expertos, al tiempo que se genera un relato en el que ronda desde el principio de la primera página la intriga sobre el final al que se nos quiere conducir es un trabajo que no está a la altura de cualquier autor. Y, además, todo esto se logra en un relato con menos de cien páginas que se lee del tirón.

 

El libro está concebido de una forma subjetiva, un enfoque que resulta curioso, sorprendente y original. En él no encontraremos una historia con un principio, nudo y desenlace como estamos acostumbrados, pero todos sus capítulos están unidos por un hilo común que le dotan de la coherencia que esperamos: en todos ellos se habla sobre la mirada, sobre los ojos. A lo largo de sus capítulos se describe la relación de la autora con diferentes afecciones oculares como el astigmatismo, la miopía, la ambliopía o el estrabismo, todas ellas enfermedades que se van describiendo a medida que la autora-protagonista las va padeciendo. Todas ellas están tratadas con la ironía y la perspectiva traviesa e ingenua que la autora impregna a su relato. El lenguaje acaba traduciéndose en metáforas y comparaciones que mezclan elementos aparentemente alejados como los tratamientos oftalmológicos y el tiempo, dando lugar a bellas metáforas que explotan en mitad de la lectura y nos sacuden emocionalmente. El tratamiento para la infección de los párpados (blefaritis) que consiste en aplicar en los ojos una especie de gel que nubla la vista la deja “…mirando a través de una nube densa. Como si me hubiesen recetado un estado de melancolía…”. ¡Bárbaro! Halfon logra convertir lo que, en mis recuerdos de infancia era una pequeña tortura, en un estado poético. Tras la lectura de este libro mis recuerdos en aquellas consultas de oculistas se han vestido con un halo de romanticismo.

 

En este breve texto se reflexiona sobre las dificultades de la visión y el efecto que éstas tienen en las personas que las padecemos, pero también nos abre una ventana a los recuerdos íntimos de su autora, las relaciones familiares o las consultas entre oftalmólogos en busca de respuestas. Y, aun así, logra que te enganches a su lectura y no puedas abandonar el libro hasta que llegas a su última reflexión.

 

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