El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Tîbuleac.

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por Vanessa Díez

Mi madre pidió ver ante ella el fruto de su fracaso. Durante horas quiso ver al feto. Sus entrañas vacías ya no lo traerían a este mundo. Lloró su agonía sola en aquella habitación de hospital. Él nunca se hizo responsable de cada bebé ausente, la pérdida era cosa de mujeres. Ella fue perdiendo un pedazo de alma con cada aborto, hubo otro de gemelos. Siempre los tuvo presentes, se desangró por dentro. Se vio arrastrada a la locura durante años y nada ni nadie pudo evitar que su duelo fuera lejos de este mundo. Ni los vivos pudimos traerla.

Tatiana Tibuleac nos presenta en “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes” un adolescente resentido con su madre, la odia y sería capaz de matarla. Fruto de un hogar desestructurado, con un padre borracho, es la muerte de la hija pequeña lo que hace que todo salga por los aires. La madre, única pieza que unía a la familia, pierde la cordura ante la desaparición de su pequeña, ya nada importa, ni su hijo. Él saldrá adelante y después siempre permanecerá el veneno de la venganza en su interior ante la falta de atención materna, además de un padre ausente, al que nada exige, pues lo daba por perdido. Después los abandonó formando una nueva familia. Su madre lo apartó sin hablar con él, hiriéndole.

Una mujer que pierde la cordura ante la pérdida de su hija pequeña, se ha casado con un borracho, debe trabajar para su madre para seguir malviviendo, durante un tiempo ni su hijo mayor consigue que abandone su estado catatónico. Después todo sigue a la deriva, las borracheras, la escasez, el abandono, el descorazonamiento y la enfermedad. Su marido la deja sola y ella se pierde en la miseria de su fracaso, consigue quedarse a su hijo pero ya ha roto su confianza, le ha perdido por el camino, mientras ella vivía su duelo él crecía.

La autora arrastra el conflicto materno filial como tema principal en “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”. Nuestro protagonista se enfrenta y lucha abiertamente contra su madre. Al final la cuida y consigue de algún modo perdonarla. Después vivirá anclado en aquel verano eternamente, en aquella casa, en aquella vida, haciéndose las mismas preguntas.

Tatiana Tibuleac nos enfrenta a la muerte. ¿Qué harías si te quedase poco tiempo de vida? ¿Vivir la vida o estar en un hospital? ¿Obligarías a un ser querido a estar sufriendo un tratamiento o dejarías que eligiera su fin? Nadie puede elegir por otro, ni podemos ayudar a quien no lo desea. Duele dejar ir y te sientes impotente al creer que no has luchado lo suficiente. Hay quien elige su propio camino aunque acelere el fin sin tu permiso.
No quieres pensar que un ser querido desaparecerá sin más, al final nada importa. Todo el dolor del pasado quedará dentro de ti si no consigues vomitarlo, pero para nadie más será importante. Al final cuando ves que el tiempo corre entre tus dedos y que ya no queda nada empiezas a plantearte que sucedió para llegar hasta este día de verano en el que ya sólo te queda ir al mercado, organizar la casa, lavarla y preparar la comida. Seguir después será complicado y nadie te dice cómo se hace. No hay una respuesta. No pueden ayudarte.

Tatiana Tibuleac con una prosa ágil y directa trata uno de los temas fundamentales ¿cómo nos enfrentamos a la muerte? ¿perdonamos o arrastramos las heridas? No es fácil seguir adelante. Somos descendientes de unas decisiones que tomaron por nosotros, nuestros padres también sufrieron las decisiones de otros, pero primero nos sentiremos víctimas de todo aquello que nos falta, aquello que ansiábamos y a lo que creíamos que teníamos derecho, el dolor nos paraliza, el miedo no nos deja avanzar, la herida sigue abierta, vivir mirando tan sólo hacia el momento en que nos perdimos y repetir aquellos momentos de dolor.

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