La caída del hombre de Grayson Perry.

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por Rubén Olivares

La masculinidad ha entrado en crisis y parece que ésta ha llegado para quedarse. Los movimientos feministas encarnados por el #MeToo y las manifestaciones del 8 de marzo han impulsado una reflexión sobre el concepto de masculinidad y feminidad que, pese al movimiento reaccionario de algunos grupos políticos y sociales, se está implantando en la sociedad. Los roles tradicionales masculinos de hombre del gobierno, galán de películas, héroe de cómics o caballero principesco que acude en rescate de su damisela en peligro están siendo puestos en duda por un creciente número de mujeres y hombres que no consideran que este papel tradicional del hombre tenga cabida en la sociedad del s. XXI. Prueba de ello es la irrupción de una nueva corriente de libros que, como un termómetro social, reflejan el creciente interés que existe por tratar de explicar qué ha ocurrido con el papel del hombre tradicional, relegado cada vez más a un papel anacrónico que algunos nostálgicos se empañan en mantener y, sobre todo, hacia dónde debe caminar éste si la sociedad aspira a la igualdad y no a seguir perpetuando un machismo que, no sólo perjudica a las mujeres, sino a todas aquellas personas que no encajan con el papel predeterminado de hombre que desde la visión tradicional masculina se impone a la sociedad.

Aquellos que deseen introducirse en este pensamiento crítico que cuestiona el papel tradicional del hombre pueden empezar por “La caída del hombre” del polifacético artista británico Grayson Perry, famoso por sus obras de cerámica a través de las que plasma su crítica visión de los problemas sociales que acucian la sociedad británica y occidental, así como por ser el presentador de varias series de televisión documentales en los que cuestiona el papel de los roles tradicionales de la masculinidad, y ser un hombre al que le gusta travestirse y mostrarse sin pudor al resto de la sociedad, cuestionando el tradicional rol que se espera de un hombre heterosexual y casado. Grayson Perry nos propone “…abrazar una idea diferente de lo que constituye ser hombre…” para poder “…renunciar al estrés de estar siempre en posesión de la verdad, acceder a todo tipo de opciones de vestuario acordes con estados de ánimo y no con identidades y asumir las emociones como parte de aquello que nos hace felices…”. Desde un desenfadado y satírico humor, el artista británico analiza, desmonta y replantea los rasgos tradicionales de la masculinidad, tales como la violencia, la apariencia física, la competitividad, el deseo de dominación y poder y la censura a la hora de mostrar sus sentimientos, planteándonos que, a medida que el hombre sea capaz de reflexionar sobre su masculinidad y se replantee que papel es el que debe jugar la nueva masculinidad, éste llegará a ser un ser más feliz y completo, alejado de una visión dominante del papel masculino construida por una elite de hombres para mantener su poder y dominación sobre el resto de la sociedad.

La incorporación del hombre a la lucha feminista y a la creación de una nueva sociedad pasa, ineludiblemente por tomarse esta nueva construcción social con humor, una herramienta que nos permite ser críticos y cuestionar los pilares fundamentales de numerosas creencias desde la distancia, permitiéndonos ampliar la difusión del mismo, pues no hay nada más contagioso que la risa. Huyendo de la seriedad de la mayoría de los discursos e invitaciones a la lucha feminista y al cambio social, que a menudo sólo logran atraer a algunos hombres convencidos y a las mujeres feministas, Grayson Perry nos propone cuestionarnos que entendemos por ser hombre en el s. XXI al tiempo que nos invita a cuestionarnos como hombres y a probar nuevas formas de masculinidad. Una versión masculina del ensayo de Mary Wollstonecraft, con un tono más gamberro y desenfado que era necesario que alguien escribiera y que todos deberíamos leer.

 

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