Secretos entre viñedos de Ann Mah.

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por Vanessa Díez

 

Existía el rumor en el pueblo de que la hija mayor no era del matrimonio. Era demasiado blanca y con rasgos delicados. Los bisabuelos pelearon. Aquella vez fue la definitiva. Él se marchó de la casa y la dejó a ella con las niñas. Se echó a la mar y viviría en Altea. Tan sólo volvió ya jubilado a casa de la única hija que le quedaba. Allí debió enfrentar a su mujer y vivir bajo el mismo techo. No sabemos apenas sobre nuestro pasado. ¿Quién fue nuestro bisabuelo? ¿Cuál fue su vida? Se ha perdido aquello que vivió en alta mar y durante la guerra. Nada se sabe. Tan sólo puedo saber sus últimos años, el resto quedó en el olvido.

Kate está preparándose para ser Maestro del vino. Durante años ha invertido en ese cometido, tan sólo le fallan los vinos blancos de Borgoña. Existe una barrera emocional que no le deja sentir esos olores y sabores. Sus orígenes familiares son de esa zona, además dejó a un amor de allí hace diez años y podría haber formado una familia con él si no hubiera tenido miedo, se dijo que era demasiado joven y por eso nunca volvió a Francia, aunque había dicho “sí”.

Ahora la vida la vuelve a poner ante parte de la encrucijada, ya que necesita preparar los vinos de Borgoña para el examen y qué mejor forma que visitando la finca de su primo durante la vendimia. Además su primo es vecino y amigo de aquel novio perdido. Así todo se complica de modo interesante. Aunque la parte amorosa con tensión sexual es predecible, es interesante el hallazgo de la cava familiar secreta y la historia de la tía abuela desconocida. Una mujer amante de los libros que quiso estudiar y cuidó de sus hermanos aquellos duros años de guerra. Una mujer que quería seguir sus sueños y la guerra los truncó drásticamente.

Francia durante los años de la ocupación de la Segunda Guerra Mundial aún tiene secretos a día de hoy como España durante la Guerra Civil. La historia la cuentan los ganadores, por ello hay sucesos que quedan en el olvido. Aquellos que tuvieron privilegios en tiempos de hambre vivían a las órdenes de los alemanes, al perder la contienda no podía ser revelado, quizá si hubieran ganado los de la resistencia que sobrevivieron hubieran huido y no habrían podido gritar al terminar la guerra quienes eran los vendidos. Todo habría cambiado. Aquí en cambio al ganar los aliados de los alemanes los tuvimos durante muchos años viviendo una vida de opulencia junto al bando nacional, siempre ha existido un pacto desde aquellos años.

¿Qué serías capaz de hacer por sobrevivir? ¿Callarías ante las injusticias? ¿Dejarías que otros murieran ante ti? ¿Soportarías el hambre o te venderías por poder llevarte algo a la boca? Muchas mujeres que no soportaron la miseria fueron amantes de los alemanes durante aquellos años, después serían ajusticiadas al terminar la guerra como rameras y se les raparía la cabeza ¿qué pensarías de una antepasada tuya si descubrieras que fue una de aquellas mujeres? ¿la juzgarías como una traidora culpable o llegarías a comprender que morían de hambre? En “Secretos entre viñedos” de Ann Mah se nos enfrenta a un pasado familiar oculto en el que sus descendientes terminan descubriendo lo que sucedió por azar del destino.

Nadie puede ponerse en la piel de aquellos que sufrieron una guerra sin haber vivido algo parecido. Callaron su dolor y se lo llevaron a la tumba. Mi abuela tan sólo dijo: si dura fue la guerra peor fue la posguerra. Casi sin alimentos incluso siendo gente que vivía cerca de la tierra y con algún animal. Los alimentos no llegaban a la población ni con cartilla de racionamiento, tan sólo los militares del bando aventajado mantenían privilegios y una vida más disipada si mayor era el rango. La gente cuanto más arriba mejor ha pasado las épocas de escasez ¿sufrirías la miseria o venderías tu alma por huir de ella? ¿Confesar o callar?

Llegado de la fría Irlanda y aún con la escarcha deshaciéndose entre sus acordes, el clásico tema navideño -hagánme caso: si prestan atención, les sonará- vuelve ahora a ser parte de la banda sonora de nuestros momentos frente a la chimenea -ok, me vale que usen una estufa- gracias al saber hacer de una jovencísima artista. Una dulce -en apariencia- muchacha que ha sido calificada como “la voz de una generación” que cuenta con dos álbumes en su currículum -Before We Forgot How to Dream (2014) y TBA (2018)- y que, pese a haber comenzado en esto de contagiarnos su arte a ritmo de indie, folk y dream pop con sólo 16 años, parece tener claro que lo suyo es transmitir con cada nota de sus composiciones una experiencia vital digna de muchos adultos y a la altura de músicos de renombre.

Sirva como ejemplo el propio single que ahora presenta, una canción a voz y guitarra donde los sigilosos susurros de Bridie Monds-Watson -así se llama doña Soak en realidad- se mezclan

con las cuerdas de dicho instrumento para narrar, con delizadeza pero sin aburrir, una letra apropiada para disfrutar en la intimidad, en el recogimiento y en la felicidad propia de esos momentos de relax que a todos nos gustan y que, con unos giros vocales y una sencillez que contrasta con las reverberaciones -justas, pero en su correcta medida- bien traidas a cada estrofa de éxitos como su Everybody loves you, acaba por enganchar a lo largo de unos cuatro minutos y medio dulces y adictivos.

No tendremos tanta nieve ni tanto frío como los paisajes que evocan los versos de Soak en este navideño single, vale, pero cerrar los ojos y viajar a estos lugares será, con este Driving home for Christmas, más fácil que nunca.

Navideño descubrimiento, atemporal talento.

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