Solos en Londres de sam Selvon.

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por Rubén Olivares

A menudo pensamos en la idea del viaje desde la perspectiva idealizada del bienestar: el viaje se asocia con las vacaciones, la aventura, la escapada, la diversión, etc. Pero omitimos que el viaje también se realiza por la necesidad: la inmigración, los vagabundos, los mendigos, los refugiados que huyen en busca de una vida mejor. Entre estas últimas visiones del viaje siempre encontramos cierto grado de romanticismo de los excluidos cuando se nos narra, desde la literatura, la vida de un vagabundo, un mendigo o de alguien que simplemente trata de huir de sus fantasmas. Pero no existe belleza ni aventura en el desahucio que supone la inmigración. Con el único equipaje de los sueños y la esperanza, sorteando vallas que desgarran y miradas de incomprensión y odio por parte de los ciudadanos que podrían acogerles, el inmigrante económico, el refugiado víctima de la guerra y de la crisis económica a quien se le niega el derecho al asilo, se convierte en el desecho del darwinismo social que el sistema promueve. A menudo muertos de hambre y frío, prostituidos para seguir adelante en cualquiera de las miles de formas de prostitución que el sistema promueve y que no necesariamente implican la explotación sexual del cuerpo, lo que estas personas experimentan cada día no es vida.

Samuel Selvon nos trae en su obra un retrato de la realidad de la inmigración que la minoría caribeña vivió en Londres en los años cincuenta, a través de esa hipnótica obra que es Solos en Londres. Lo primero que llama la atención cuando iniciamos esta obra es lo caótico de la sintaxis con la que está escrita. Cuesta acostumbrarse a una narrativa tan irregular, deforme y áspera como la que presenta el libro, tanto por parte del narrador como por parte de los personajes. Pero lejos de ser un defecto, Samuel Selvon lo convierte en un recurso que nos obliga a permanecer atentos a su lectura, porque si nos perdemos algo será fácil que quedemos fuera del hilo de la trama. Este lenguaje caótico, de un castellano (en el original inglés) malhablado, con una podre construcción sintáctica y un vocabulario escaso refuerza la realidad que el libro trata de enseñarnos: el inmigrante nunca llega a integrarse del todo, no llega a dominar el idioma ni la cultura, siempre permanece en tierra de nadie, ya no es de donde vino, pero tampoco de donde vive. Tenemos la impresión de que los personajes de Selvon acaban de bajar del barco, aunque sepamos que muchos de ellos llevan años viviendo en Londres, y aún no dominan la gramática del idioma. Aunque realmente es el único idioma que saben hablar, el idioma que comparten todas las personas negras, el que les convierte en una comunidad, con independencia de su país de origen, pues para el nativo londinense de Selvon todos los negros son inmigrantes.

La estructura del libro es sencilla. Carece de capítulos, y la historia se nos narra como un único capítulo lineal en el que, cada diez o doce páginas conoceremos un nuevo personaje que se irá incorporando poco a poco en la historia que se va creando, pero insertados en la misma con tal maestría que nunca nos perdemos. A ello ayuda el uso de los pseudónimos en vez de nombres, lo que facilita que reconozcamos a cada uno de los personajes al tiempo que nos ayuda a verlos en el contexto de marginación en el que viven. En todo el libro hay cierto grado de humor al conocer las historias de estos inmigrantes: el nigeriano mujeriego que no se levanta de la cama si no tiene para comprar el pan, el mulato que se niega a que lo llamen negro, las mujeres que se obstinan en mantener sus costumbres y recriminar que las cosas no deben hacerse más que como ellas lo conocen, el tipo que pasa el día jugando a la lotería mientras sueña con ser millonario, etc. Poco humor hay para las prostitutas a quien Selvon tratan con más benevolencia, presentándolas como las doblemente explotadas. Este humor, este lenguaje, el machismo de los personajes, la mendicidad en la que viven, la capacidad o no de buscarse la vida, todo está en función en esta novela como un ejemplo del aprendizaje de la resignación y la indefensión de los inmigrantes. Una novela de obligada lectura en los tiempos que corren.

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