Tachycardie, germen de Posibles.

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por Sandro Maciá

Experimentación en clave francesa: Posibles, de Tachycardie

Seguimos arriesgando, señores y señoras. Continuamos dentro de los benditos límites de la locura que aún conservan aquellos que nacieron para ir río arriba, y no al revés. Nos mantenemos en esa ola de sonidos que responden a parámetros inquietantemente nuevos y no surgieron para ser aclamados de manera fácil. Vamos, que no nos alejamos de nuestro erre que erre en la exploración de nuevos mundos…

Es más, ¿qué sería de nosotros si no nos lanzáramos al mar de lo infinitamente sorprendente y nuevo? No me lo pregunten. No se lo pregunten. Sólo atrévanse a chapotear entre las composiciones de la nueva edición de los compañeros de Mascarpone Records y podrán entenderme. Porque, a partir de aquí, toda palabrería sobra y no servirá más que para aturullar a quien esté leyendo esto, merecedor absoluto de ser -como a mi me ha pasado- descubridor de Jean-Baptiste Geoffrey, reconocido baterista de la escena de Noise francés más underground (Pneu, Binidu, La Colonie de Vacances, F.U.T.U.R.O.S.C.O.P.E) y ahora creador de Tachycardie, proyecto que ampara el estreno de Probables (2019), un EP de cuatro temas editado en casete -leen bien-, con tirada limitada de 50 copias.

Al estilo de un ejercicio de huida de los estándares de siempre y los circuitos comerciales, lo que este francés consigue al plasmar sus cuarteto de cortes sobre la cinta del romántico soporte antes citado, es dar rienda suelta a unos instintos creativos que, a contracorriente respecto a lo que a matices estilísticos convencionales se trata, sirven de puente, de unión entre la propia experimentación primaria del sonido en su vasta extensión y concepción y el disfrute de quien se libra de prejuicios para adentrarse en la viveza que cobra forma y sentido a través de notas contemporáneas, minimalistas o, directamente, artísticas.

Compuestas de manera intuitiva, cada pieza es parte del linaje de investigación de pioneros como Terry Riley, Eliane Radigue o Pauline Oliveiros, lo que a su vez no impide que cuente con un carácter tan auténtico como el que da forma a “Mille fois bonjour depuis le Vignemalle” -primer tema, escrito para ser tocado por una orquesta de 17 músicos, ni más ni menos-, o a “Aunir, Forcer”, “Vesprir” y “Tarir”, trío restante de canciones que, de intenso patrón, bordean la quietud mientras juegan con la resistencia de la provocación, tentando a quien teme que algo vaya a romper la linealidad y rozando la sutileza de lo etéreo con sonidos motorizados, sintéticos y artesanales.

¿Un vendaval de experimentación percutiva? Así se presenta, y así puede calificarse este trabajo -grabado en su totalidad por Geoffrey- no apto para cualquier tímpano.

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