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Diarios de los años del plomo de Richard Matheson.

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por Rubén Olivares

“…When the legend becomes fact, print the legend…”
The man who shot Liberty Balance, John Ford.

Hablar del Western es rememorar el género de aventuras por excelencia. Indios y vaqueros se entremezclaban con granjeros, colonos, soldados confederados o unionistas, bandidos, pistoleros, jugadores de poker, sheriffs y atracadores de diligencias y bancos. En aquel mundo violento que recreaba el cine del Hollywood dorado no faltaba el género femenino, siempre con problemas, ya fuera una prostituta, una abnegada esposa, madre, hija o novia en apuros que recurría al valor y gallardía de un pistolero que impartía su peculiar sentido de justicia. Siendo niños, jugar a indios y vaqueros era uno de los principales divertimentos de aquellas tardes; nos transfigurábamos en sheriffs, pistoleros que luchaban por vivir un día más o pioneros que se embarcaban en intermibables caravanas cubiertas de nubes de polvo bajo un sol abrasador en busca de una tierra prometida que nunca llegaba.

Cuando maduré, el pensamiento crítico desplazó a la imaginación. Empecé a mirar de otra forma a aquellas películas a medida que me empapaba de información. En aquel mundo de John Wayne, Cary Grant y John Ford, la forja de un nuevo mundo se narraba con la simplicidad de un mito. Descubrí que los indios en realidad no eran los malos que las películas me mostraban y que si cortaban cabelleras era por que lo habían aprendido de los colonos y vaqueros que lo usaban como un macabro método de recuento de los enemigos a los que daban muerte. También aprendí que aquellas imágenes idílicas de búfalos desplazándose por las praderas del Oeste dieron paso a un cementerio de animales abatidos con el objetivo de diezmar a aquellas tribus de indios que el gobierno estadounidense de aquella época no había conseguido doblegar. Mis héroes de infancia estaban desnudos y tenían un punto despreciable.

Matheson escribió esta novela a mediados de los noventa, cuando el cine del oeste era un género denostado; quizás por ello la novela rezuma melancolía y añoranza de un mundo más simple, que al leerla nos hace revivir aquella mitología que construimos en el cine y que asociamos con el Western: diálogos lacónicos y directos, polvo cubriendo a personas y objetos, plantas rodantes, caballos desbocados, caciques que imponían su voluntad y héroes dispuestos a luchar contra lo que consideraban injusto para liberar a un pueblo subyugado o ayudar a una dama en apuros. Este escenario estaba coronado por pueblos construidos alrededor de una única calle polvorienta o llena de barro en la que era fácil encontrar la muerte o conquistar la gloria. El protagonista de esta historia es Clay Halser, alter ego de Wild Bill Hickok, un veterano de la Guerra de Secesión, pistolero, agente de la ley y jugador, un buscavidas del s. XIX estadounidense que fuera del mundo de los aficionados al Western histórico pocos conocerán. Junto a él, un periodista, Frank Leslie, será testigo al inicio de la novela de su muerte: uno de los tantos jóvenes con los que Clay Halser se encontró a lo largo de su vida, le desafía a un duelo en búsqueda de conquistar la fama al convertirse en el hombre que mató a Clay Halser, al que finalmente abate, dado que se enfrenta a un anciano, una sombra de la leyenda que el Oeste venera y que apenas puede mantenerse en pie sin un trago de whisky. Tras dar sepultura a Halser, Leslie se propone contar la verdadera vida del hombre que vivió tras la leyenda de Clay Halser. Eso es lo que encontramos en este libro, los diarios que Halser fue escribiendo a lo largo de su vida y las notas que Leslie va haciendo para aportar algo de luz en la historia de éste. Los diarios se inician en plena Guerra de Secesión, donde descubriremos cómo se forjó la habilidad con las armas de Halser, acompañándole a partir de aquí a lo largo de una vida en la que la violencia que le acompañó en su vida va generando más violencia hasta conducirle a la muerte.

Hablando del Oeste es inevitable acordarse de aquellas novelas cortas de Marcial Lafuente Estefanía que contribuyeron a forjar el mito del Western en España, pero ya os adelanto que esta novela os va a gustar más, aunque os durará lo mismo, porque acabas enganchado a la vida de un hombre que busca sobrevivir en un mundo hostil y al que la leyenda que se forja a su alrededor acaba devorándolo. Un libro épico sobre una vida de leyenda y una muerte de cine, de cine de Western.

Diarios de los años del plomo – Richard Matheson

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