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La red de Alice, de Kate Quinn

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por Lara Vesga

 

James Bond consiguió establecer en el imaginario colectivo la figura del espía como un hombre elegante, sofisticado, valiente, inteligente y aventurero. Un héroe con traje y corbata. Pero eso vale para las películas. La realidad es, y fue, otra. La red de Alice rompe clichés y rescata del olvido un episodio histórico real en el que una red de mujeres espías tejida sabiamente por una heroína que nunca se creyó como tal, salvó la vida a más de mil soldados.

La novela, narrada a dos tiempos entre 1915, en plena Primera Guerra Mundial, y 1947, dos años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, está contada también a dos voces. La primera es la de Eve Gardiner, una mujer agazapada del mundo debido a su tartamudez y cuyo mayor anhelo es unirse a la lucha contra los alemanes. Su soporífera rutina de acudir al archivo donde trabaja y volver a la pensión donde reside y en la que su único amigo es un gato hambriento cambia radicalmente cuando un hombre se fija en ella, ve más allá de la anodina mujer que aparenta ser de cara a la galería, y la recluta para formar parte de la red de Alice.
El binomio lo completa la joven americana Charlie St. Clair, procedente de una reputada, adinerada y muy decente familia de cuyo seno está a punto de ser expulsada al haberse quedado embarazada no se sabe muy bien de quién. Mientras su futuro tal y como ella lo había imaginado se viene abajo, su única meta en el horizonte es encontrar viva a su prima Rose. La muchacha es para ella como una hermana, además de su mejor amiga. Pero hace años que no tiene noticias de ella. Solo sabe que desapareció en la Francia ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

La búsqueda de Charlie arroja escasos resultados del paradero de su prima Rose. Tan solo algunos datos sueltos, algunas fechas, algunos nombres… Entre ellos el de Eve Gardiner. Y hacia su encuentro se encamina Charlie, sin saber que lo que va a encontrar será un despojo de mujer obsesionada por una traición, malhablada, descuidada y borracha la mitad del día y con resaca la otra mitad. Tan solo una sombra de la astuta espía que fue. Al menos hasta que oye de labios de la joven un nombre que llevaba sin escuchar décadas. Y ese nombre lo cambiará todo para ambas.

Kate Quinn (Long Beach, California, 1981) ha escrito una novela redonda que tiene un poco de todo: suspense, amor, heroísmo, drama, comedia, ficción y realidad. Magníficamente documentada y muy bien vertebrada en torno a los dos personajes principales y dos épocas diferentes. En La red de Alice el pasado ayuda a entender el presente y viceversa. Resulta inspirador conocer la valentía y el talento de decenas de mujeres puestas al servicio de una noble causa. Desenterrar y conocer estas historias ya merece la pena de por sí. Hacerlo a través de personajes a los que es imposible no acabar adorando es definitivo para devorar la novela. No lo dudes y móntate en el viejo coche azul de Finn, un exconvicto escocés que hará de chófer para Eve y Charlie en este “road book” (otro atributo más del libro) que persigue ante todo la verdad sin importar a dónde conduzca.

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