Las brujas de Celso Castro. 

k

por Vanessa Díez

Desear ser amado desde el principio sin conseguir nada. Ver cómo tu hermano es recompensado ante ti. Sentirte en cambio despreciado. Pensar que tu valor es mínimo. Como un animal herido vagas por la vida. Tu casa no es un refugio, si no un infierno. Quienes deberían protegerte te maltratan reduciéndote a la nada. Se justificaban diciendo que te pareces a aquel que les hizo daño. Lo pagan contigo. ¿Qué harías si tu madre no te quisiera? ¿Caerías en las drogas para que no duela la herida? ¿Intentarías matarte?

Celso Castro en “Las brujas” nos ofrece un protagonista maltratado por su madre y hermano. La familia es el origen de todo. Si nuestros seres queridos no nos protegen creceremos con una nula autoestima y aquello puede derivar en autodestrucción. No sentirse amado por los padres es un hecho que puede llevar a cualquiera al abismo. Así veremos cómo se castiga a sí mismo al no sentirse valioso, buscando el reconocimiento de sus seres más próximos y vagar como un alma en pena al no ser visto y correspondido por su madre, la cual sólo presta atenciones al hijo mayor. Él se refugia en la relación con Lorena, la cual tampoco es aprobada por su madre y hermano, se debate entre el deber y el placer. Nuestro protagonista es un ser atormentado que huye de sus opresores y se entrega contra su voluntad a quien le cuida, pues al no sentirse amado no se cree digno de que alguien le quiera. Existe una lucha interna entre lo que siente y lo que debería sentir, su relación con Lorena mientras sigue creciendo.

Las locuras del hijo mayor son justificadas y se recompensa con el calor materno cualquier peligro sufrido. Él hubiera dado todo por un beso y un abrazo. Qué no hubiera hecho él por sentir la atención de su madre. En cambio su madre dejaba que su hermano le pegara. Cuando se le antojaba recibía golpes de uno e insultos de la otra. Para ellos valía menos que nada. El único atisbo de esperanza lo recibía de su hermana de leche, Lorena le cuidaba. Ella le hacía sentir vivo. Experimentaban juntos. Ella removía su carne y curaba su alma. Le ofrecía calor, cuidados y conjuros. Él se dejaba hacer por ella, pues se dio cuenta que era la única que no le dejaba caer en la locura, pues en su tortuoso camino él era su mayor enemigo.

Celso Castro nos ofrece una historia de maltrato de un adolescente en poco más de doscientas páginas. Es una conversación. Nuestro protagonista es el narrador de su vida. Abre la puerta a escenas que han dolido en su pasado. La relación con su madre, con su hermano, con Lorena y con los demás. Nos cuenta cómo enfrenta la vida y la muerte. Una historia de dolor y contradicción, pues no todo es blanco o negro, la vida está llena de matices. Un chico que grita su agonía a través de la autodestrucción y sólo una chica es capaz de ayudarle. Cuando un suceso termina de forma trágica siempre hay detrás una serie de acontecimientos que han servido de detonante. Lo único anecdótico de este autor es que no utiliza mayúsculas en todo el texto algo que quizá los puristas rechacen, en un principio los ojos se fijan en este detalle y finalmente la fuerza de la historia nos atrapa y nos hace pasar por encima de este hecho.

Síguenos

Share This