Maleza viVa de Gemma Pellicer

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por Rubén Olivares

Nos encontramos ante un libro de relatos breves, muy breves, tan breves que la palabra microrrelato quizás se quede corta. Maleza viva es una recopilación de pequeñas piezas poéticas, entre las que se cuelan aforismos y breves fragmentos de poemas más extensos pero que nunca llegaron a tener vida propia. Un libro de poesía y aforismos que se disfraza de prosa, inundándonos de libertad. Para cada lector hay una pequeña pieza literaria que hará suya, una reflexión, historia o versos con los que fundirse, mientras deja la mirada perdida en el infinito y disfruta con las líneas que ha leído. Los relatos cortos, las reflexiones breves, las sentencias, la oscuridad, el amanecer, el miedo y la esperanza, se enredan entre las sábanas tejidas en letras con las que este libro nos envuelve.

Abrir sus páginas es caer en brazos de esos sueños que guardamos en sacos de derrotismo y maleza viva. Leas donde leas, la palabra acaba cobrando vida y ante ti se erige como un dios menor que no espera que le reces. El presente inunda la estancia, sin remedio, certero, frente al pasado marchito y el futuro que apenas empieza a brotar. Palabras con las que Gemma Pellicer nos abraza y nos arrastra hacia historias que, pese a su brevedad, acaban espoleando nuestra imaginación, haciéndonos especular cómo debió seguir el relato que acabamos de terminar.

Maleza viva es un libro pequeño que guarda grandes relatos. Una exploración de la belleza, reflexiones sobre el mundo que hemos construido y en el que vivimos, la sorpresa que aguarda tras cada página, el asombro ante la naturaleza, caprichosa madre que nos cobija y nos da la vida y al tiempo nos amenaza, aparentemente quieta, como si estuviera en reposo, esperando resurgir con más vida, cuando en realidad nos acecha como un depredador paciente.

Maleza viva se divide en dos secciones claramente diferenciadas entre sí: Puntos de luz y Herbolario. En ambos encontraremos aforismos, breves reflexiones que inundarán tu cabeza y harán que broten nuevos pensamientos y certezas, pequeños diálogos que bien podrían ser conversaciones robadas a hurtadillas mientras aparentamos escuchar distraídamente la conversación de nuestro vecino, vías de escape mentales que nos permiten huir de los lugares comunes en los que transitamos desde el sillón de nuestra casa, que nos plantea preguntas y a quien tratamos de preguntar. Reflexiones sobre la naturaleza, sobre nuestra naturaleza propia y la de los demás.

Gemma Pellicer escribe con ironía y sarcasmo, inteligencia hecha humor, a través de las que nos narra escenas cotidianas que acaban mutando en historias surrealistas que nos enfrentan, como un espejo de feria, a una realidad distorsionada que creíamos dominar.

En los relatos de Pellicer hay también espacios para la poesía, para la complejidad que se esconden tras las palabras, la belleza, el amor y la esperanza con las que nos muestra que, al igual que somos capaces de construir el peor de los infiernos, también somos capaces de evocar el paraíso y refugiarnos en él cuando la realidad de la vida cotidiana nos asedia. Pellicer juega con los elementos que componen los cuentos para enfrentarnos con una realidad de la que a menudo tratamos de huir, al tiempo que nos deja pequeñas sentencias perladas de poesía.

Un libro en el que late la contradicción, la dualidad enfrentada entre aquello que deseamos y repudiamos, lo que construimos y destruimos, lo que esperamos y por lo que desesperamos, lo que nos impulsa a obrar y a lamentarnos, esa lucha constante entre lo invariable y lo mutable que vive en nuestra naturaleza, ese dios Juno que habita en nosotros y nos domina, que nos eleva y hunde, un libro que nos enfrenta a la ficción de nuestra realidad con el que corremos el riesgo de dejar atrás un poco de nuestra ignorancia y cargar con más sabiduría.

 

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