Maneras distintas de amar(o des-amar) de Carlos Javier Cebrián

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por Eduardo Boix

Siento como propios los alumbramientos de los amigos. Cada vez que sacan a la luz sus libros, me invade la emoción. Es como tener un sobrino más a los que adorar. Yo, que ni tendré sobrinos carnales, ni hijos, ni nada que se le parezca, el nacimiento de una nueva obra de un amigo lo vivo como un acontecimiento. Pero esta vez es una alegría doble, primero porque Carlos, Javier o Carlos Javier Cebrián, es maestro y amigo.

«Maneras distintas de amar (o des-amar)» editado por Huerga y Fierro editores es posiblemente una herida abierta, casi diríamos un corte profundo por el que asoman las entrañas de mi amigo. El poemario arranca con el poema Esa mujer que es toda una declaración de intenciones, la propia cita de Borges lo dice: Me duele una mujer en todo el cuerpo. A Cebrián no solo le duele una mujer, le duele la propia vida. Javi como le llamamos los amigos es un equilibrista de la palabra. Su poética vale más por lo que calla que por lo que dice. Podemos leer entrelíneas sus pequeñas alegrías y sus fracasos. Nos lo indica en Arrebatos de luz: A veces encuentro en los versos de los otros/el verso que siempre quise y fui incapaz/de imaginar. Sus versos son tan certeros como los demás, aunque se apague su luminosidad. Busco el socorrido regazo,/pero el amor no conoce la compasión. Cebrián está en una constante búsqueda del universo, del tiempo y de si mismo. Renacido de mis cenizas, pero/jamás logré apropiarme de ese tiempo,/y el pasado, pasado fue, inventiva/de otro tiempo ya perdido./ También aprendemos de sus demonios, no tan ajenos a los de cualquiera. En cada poema está una causa de esa herida. De cómo ha ido ensanchando el corte hasta volver a sangrar una y otra vez. La poética de Carlos Javier Cebrián es profunda. Si lo relees, averiguas matices, que en primeras lecturas no has caído. Es un poeta de lo que calla. Existe mucha nostalgia en sus versos. Las miradas de amor/mentiras son/todas/y el amor nos aleja de la felicidad. Javi observa el mundo y nos lo desgrana, nos descubre el secreto, su secreto que es tan universal como su poética.

«Maneras distintas de amar (o des-amar)» es un acto puro de amor a la vida, a su vida. Cebrián canta a sus amores, a la ausencia de ellos. Él que reniega tanto del amor como fin de la felicidad, lo busca en cada verso. Porque si algo es importante para Cebrián eso es el amor. Nos lo muestra siempre, en sus actos y en sus ausencias. Lo ha reflejado hasta en su testamento: Os quise, os amé a casi todos… Pero Carlos Javier Cebrián, vive más que nunca, como un gran poeta, que sigue cantando a la vida.

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