Maternofobia de Diana López Varela.

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por Vanessa Díez Tarí

Después de la última decepción te planteas que quizá has equivocado el camino y sea demasiado tarde. La mujer paga un alto precio por conocerse y desarrollar sus anhelos. El tiempo invertido en sí misma no vuelve. Hace tiempo que cada indicio dejó de ser un síntoma de haber acertado y más después del diagnóstico de endometriosis, después de la operación sigue estando ahí la sombra de la infertilidad. En la última ecografía otro endometrioma. No es imposible pero sí complicado. Incluso el IMC está en contra y te parece un abismo, aquellos kilos de más sin importancia, ahora pueden ser un enemigo. Después en el supermercado no puedes evitar mirar cuerpos con muchos kilos más con pequeños junto al carro lleno. Pero si el IMC no es correcto no hay tratamiento de fertilidad a través de la Seguridad Social y la precariedad de los últimos años tampoco te ofrece una vía privada. Nada cuadra hace tiempo. 

“Maternofobia» de Diana López Varela no es un libro contra la maternidad si no que nos sitúa contra las cuerdas frente al problema en carne viva, porque duele hablar de querer y no poder tener hijos pero hay que hacerlo, como también debemos poder decir que no queremos tenerlos demasiado pronto y vivir o no llegar a tenerlos nunca. Poder decidir el camino a tomar sin ser juzgados. Diana parte de lo personal y termina analizando a esta joven generación perdida, precaria y sin hijos. Su sentimiento tiene su origen en la pérdida, pues tuvo un aborto. Tomó de forma consecuente su decisión y la llevó adelante. Nunca he abortado, tan sólo en mi entorno he sido testigo. Sea aborto espontáneo o una decisión tomada siempre hay consecuencias psicológicas para la mujer no deberíamos añadir también que hubiera riesgo para su vida como en el pasado. Abortos siempre han existido pero antes las mujeres arriesgaban la vida por no poner la honra o asumir otra boca que no se podía mantener. Como mujeres de este tiempo tenemos la posibilidad de decidir y eso debería seguir así. Como mujeres libres que deciden sobre su cuerpo, ni el Estado ni la Iglesia debería tratar a la mujer como una niña, si no como una adulta que es consecuente con el camino tomado. Sea con pastillas o mediante intervención es la mujer quien asume y sufre lo que se deriva de ello. 

Diana nos presenta además casos de mujeres que han abortado en los últimos años. Algunas tratadas mejor y otras peor. En un Estado laico aún se ve la mano católica sobre el cuerpo de la mujer, los médicos de la Seguridad Social derivan los casos a las clínicas para no practicar los abortos. Los partidos políticos de derechas no deberían interferir en la vida de las mujeres. Se prefiere embarazos no deseados aunque la economía sea precaria y después recortar las ayudas sociales para que las familias puedan llegar a fin de mes, porque incluso la subida del salario mínimo era un problema hace unos meses. El único hombre que debería decidir en estos procesos junto a la mujer es su pareja, pero el peso de la decisión debe ser de ella.

Diana también nos muestra testimonios de mujeres y hombres que han decidido no tener hijos y seguir con su vida actual sin cambios. Socialmente no se acepta que una mujer tome la decisión de no ser madre, si el tiempo pasa se le instará a que “se le pasa el arroz” y si no se preguntará si es un problema médico. No dividir los ingresos, no dejar de viajar, no dejar de tener tiempo, no dejar de dormir y no enfrentar el miedo al cambio. Cada vez hay más parejas que deciden no ser padres y seguir llevando su vida enfocados en ellos.

Somos una generación en la que las mujeres hemos estudiado más que en el pasado y hemos luchado por desarrollarnos. El formato de familia tradicional no ha sido la prioridad para muchas de nosotras. Los tiempos que corren tampoco han ayudado. La bonanza terminó  y ahora es la precariedad la consejera y el llegar con lo justo a fin de mes. Los números no salen y vas aplazando asuntos que tienen fecha de caducidad. Cuando decides «liarte la manta a la cabeza» como nuestros padres en los ochenta quizá ya no sea el momento. La lucha por la maternidad en muchos casos será a través de un tratamiento y ahí también habrá distinciones. Si una mujer en pareja tiene complicado llegar al tiempo de la zona infértil quizá lo tiene más una mujer sin pareja con el mismo deseo y sin apoyo de su entorno. Se sigue juzgando a las mujeres por salirse del camino trazado, pero el cuento que nos contaron no encaja con nuestro tiempo y sólo nos queda reescribir la historia.

 

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