Sin Aute

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por Eduardo Boix

Desolado. Triste. Perdido. Así se siente uno cuando pierde un ser querido. Es un dolor hondo que sale de dentro para afuera. Notas como algo se rompe. Escuchas los chasquidos de las entrañas al partirse. Te oprime el pecho y no te deja respirar. Falta el aire y sus circunstancias. No estamos acostumbrados a enfrentarnos a la muerte. La marcha de un familiar se muestra pesada, ajena a nosotros. Es como una película a la que no prestamos atención.

Luis Eduardo Aute cantautor, poeta, pintor es una de mis mayores influencias. Recuerdo lo machacada que tenía aquella cinta del Mano a mano con Silvio Rodriguez. Hoy me he puesto ese disco. Resume exactamente lo que fui. Aute, a parte de un maestro, fue para mi parte de mi infancia y adolescencia. Mi madre lo ponía una y otra vez en casa. Disfrutábamos con su voz, su ironía. Aquellas canciones de amor, protesta, marcaron muy bien mi forma de crear. En casa de mi abuela también sonaba. Nos acompañaba muchas veces a mi tía Paqui y a mí. Planeé muchas revoluciones con Aute de Fondo. Hoy solo puedo llorar. Me ha paralizado su muerte. Algo se ha roto que me conectaba directamente con mi adolescencia, mi yo de otro tiempo. El que creía en revoluciones imposibles. Estoy triste, pero no es un dolor familiar. Es como la sensación de haber crecido de golpe. He madurado. Los referentes se van, es ley de vida y nos quedamos los discípulos un poco solos. Este mundo es muy inhóspito pero saldremos.

Una canción de Aute me viene como un rumor, su mensaje me caló tan hondo que la tarareo a menudo. Canto bajito para mi alma: Voy pidiendo libertad y no quieren oír/Es una necesidad para poder vivir/La libertad, la libertad/Derecho de la humanidad,/Es más fácil encontrar rosas en el mar. Luis Eduardo, escríbenos desde Albanta. Buen viaje maestro.

 

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