The Paw-Paw Negro presenta Initio Sonus.

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por Sandro Maciá

Nuevos rugidos de The Paw-Paw Negro

Oye, pues que me está gustando cada vez más esto del lo-fi y esa espontaneidad –buscada, o cuidadosamente encontrada, según el caso- que se sigue cultivando en la era de la perfección y la nitidez más agobiante… Porque, aunque hayan sido varios los trabajos sobre los que he puesto mi tímpano para seguir saciando mi sed de este clásicamente actual estilo, ese “algo” que se respira en cada capa imperfectamente fastuosa de las canciones que siguen dicha estela continúa enganchándome disco a disco.

¿Que la pulcritud sonora es digna de ser alabada? Sin duda. No seré yo quien reniegue de ella. Pero, ¿que una buena estructura, envuelta en la correcta proporción de meditadas improvisaciones, puede conectar de manera visceral y directa con el lado más personal y pasional de cada uno? También. Y no sólo porque yo lo diga –que se agradece la confianza, claro que sí-, sino porque así podemos comprobarlo en trabajos como el de Pepe “Bluesman” Murcia, un “loco” proyecto llamado The Paw-Paw Negro que, bajo la fórmula del “power-trío”, nos trae un debut de título concreto y simpático: Initio Sonus (Flor y Nata Records, 2019).

Debut, este, que nos llega desde la mismísima Vega Baja del Segura y que, pese a ser tan nuevo como las sensaciones que produce su primera escucha, cuenta con el valioso poso de la experiencia que el propio Pepe Murcia –cerebro de la operación, junto a Abraham y Guillermo como compinches- rezuma de forma inherente a su persona tras sus años en The Warm Jets, en su andadura independiente como Adrian Coda –no sin grandes hazañas musicales junto a músicos de Nino Bravo, Mudhoney, Little Fish, Dover, Bob Seger, Los Romeos o Tina Turner- o en su faceta de productor de bandas tan conocidas como Alice’s Cream.

Una experiencia que vale su peso en oro y que, además de haber llevado a The Paw Paw Negro a ser referenciados en los mismos renglones que ocupan Lagartija Nick o Los Planetas, queda patente en Un mal sueño –“initio” de misterioso arranque y eléctrico cuerpo-, en El Gran Final –cierre de marcado y mecánico ritmo percusionado-, y en los temas que se encuentran entre ambos, como: la cruda Depósito de cadáveres –con buena distorsión y un ritmo que, sin ser trepidante, no decae-, la fulgurante y descriptiva Protector estomacal, la electrónica (y casi espacial) Here –incursión en la lengua inglesa, como se habrá deducido- y la festiva y animada Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

Una experiencia, insisto, que da lugar a ¿un buen despliegue sonoro? No. A un buenísimo despliegue sonoro que, como verán aquellos valientes decididos a entrar en las fauces de la banda, cuenta con dosis de psicodelia y un halo de ausencia de caducidad que pasa de las modas, haciendo de The Paw-Paw Negro una formación a la que aún le queda mucha alegría que dar.

¡A rugir!

 

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