DIARIO DE DUELO de Mary Shelley. Edición de Gonzalo Torné.

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por Ana Olivares

¿Quién es el afortunado o afortunada que no ha tenido que sufrir un duelo? Seguro que hasta cualquier niño que haya perdido a su mascota sabe de lo que hablo. Cierto es que hay muchos tipos de duelo, al igual que muchas formas de amor; y sólo depende de nosotros sacar fuerzas de la flaqueza para superarlo, aunque normalmente se sufre en silencio. El duelo es un estado en el que abrazas la tristeza infinita que precede la pérdida de un ser querido. Y pese a ser consciente de que quien permanece, debe continuar; este se convierte en superviviente, ya que nunca podrá desprenderse de un vacío real y ese por qué eterno. Y para hablar de la pérdida, tenemos el ejemplo perfecto en el “Diario de duelo” de Mary Shelley. Una compilación y selección de sus escritos más íntimos que atestiguan sus procesos de vida.

Los diarios personales de una de las escritoras más importantes del siglo XIX aún no han sido traducidos a ninguna otra lengua que no sea el inglés. Ni siquiera hay ediciones fiables, y los pocos ejemplares que existen circulan por librerías de segunda mano y a precios desorbitados… ¿Por qué las editoriales no han prestado más atención a un tesoro cómo este? ¿A quién no le interesa saber lo que pasaba por la mente de la autora de Frankenstein? ¿Es que acaso no hemos sabido reconocer la importancia literaria e histórica que contienen? Todo un legado que por fortuna Gonzalo Torné nos presenta por primera vez en castellano, a modo de selección, destacando los momentos más relevantes de la vida de esta escritora excepcional.

Organizados en partes, comenzamos con La Huída de Mary, que con tan sólo dieciséis años se enamora del poeta y discípulo de su padre Percy B. Shelley, casado con Harriet Westrook y con dos hijos. Ambos se fugan de Inglaterra hacía Francia para vivir su historia de amor. Atraviesan muchas penurias en este viaje y su precariedad económica no hace más que aumentar, a la vez que los detractores de su unión no dejan de asediarlos, Harriet y Hookman (la esposa abandonada y el primer editor de Percy). La segunda parte es su Retorno a Inglaterra, donde Mary ya está embarazada; resistiendo como pueden en su precaria economía, sin domicilio fijo gracias a su activa vida social y a sus reuniones literarias; además, se permiten romances extraconyugales que marcarán sus vidas cómo la de Shelley con Claire Clairmont, quien más tarde tendría un romance con Lord Byron, o la de Mary con Hogg mientras la presión de la esposa abandonada continúa. Los Shelley pierden a su hija a los pocos días de nacer. La relación con Jane y Williams, un matrimonio muy amigo o la estrecha relación con Claire, hermanastra de Mary. Finalmente Harriet se suicida, y Percy queda libre para casarse con Mary. Esta tercera parte, Un viaje por Suiza conforma su viaje de novios y también para huir de las deudas, Claire les acompaña, ya que sus expectativas están puestas en encontrarse con el poeta lord Byron. De este famoso episodio ya hemos hablado en otra ocasión, por lo que sólo destacar que dónde se gestó la idea de Frankenstein en la mente de Mary con tan sólo dieciocho años, obra que se convertiría en uno de los clásicos más importantes de la literatura y la haría famosa, esto lo encontramos en la cuarta parte de la novela. Ya en la quinta parte, su paso por Francia encontramos los años más felices de la pareja, el nacimiento de su segundo hijo, su encuentro con Keats, hasta el desenlace trágico en el que Percy muere ahogado en el mar junto al marido de su buena amiga Jane que se narra en la sexta parte. Este suceso marcaría tanto la vida de Mary que ya no volvería a ser la misma; por lo que en este punto pasamos a la séptima y última parte de la novela: Visiones de duelo. Escritos algo caóticos que recogen sus pensamientos y emociones más íntimas, con una especie de desahogo mental a tanto dolor y amor experimentado en tan poco tiempo. Hasta su etapa final marcada por la enfermedad, pero más sosegada por vivir con su hijo y su nuera. A su muerte, encontraron en su escritorio el corazón deshidratado de Shelley envuelto en seda. Jamás se pudo alejar de él ni en la otra vida, por lo que seguramente estén juntos cómo uno solo. Puede que su amor se asemeje al de Poe por Anabelle, pero en este caso, quien vivió cómo un muerto en vida fue Mary.
“Diario de un duelo” nos proporciona la oportunidad de ahondar en una mente observadora, sensible y llena de experiencia. Resulta ser un testimonio histórico que nos permite recrear la sociedad del siglo XIX. Como lectores, también nos recuerda la necesidad de abrazar el amor en el más amplio sentido de la palabra; y todos esos sentimientos que genera pese a que a día de hoy parezcan sobrevalorados. Pues en un mundo donde todo lo que conoces ya te es dado, no hay lugar para aprender o imaginar nuevas visiones. Así que sólo nos queda decir: gracias, Mary Shelley, gracias por haber existido.

DIARIO DE DUELO de Mary Shelley

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