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El año de gracia de Kim Liggett. 

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por J. Luis Romero González

Acostumbro a leer todo de un libro. Traductor/a, título original (aunque no entienda inglés), ediciones, domicilios de la editorial, imprenta, tipo de papel,… Por dicha costumbre hallé a Aurora Bermudez – exesposa y albacea de la obra de Julio Cortazar- traduciendo los tres primeros volúmenes de “El cuarteto de Alejandría” de L. Durrell y a Edhasa radicada en la Avda. Córdoba de Buenos Aires.

Y por supuesto, la información que las solapas suministran de la obra y de su – en este caso- autora. “Thriller distópico” consta en la de “El año de gracia” de Kim Liggett, publicada por editorial Salamandra. No es mi tema favorito. Lo reconozco. Creo recordar que sólo he leído de este tipo “Un mundo feliz” de Aldous Huxley (¿cuál es nuestro soma actual o son múltiples?) y la cinematográfica novela juvenil de “Los juegos del hambre” de Suzanne Collins y me sorprendió que terminara el primer volumen (undécima edición de 2012) de esta exitosa trilogía. Comprado en librería de viejo, lo que también es normal y frecuente en este veterano lector.

“Thriller distópico”. El primer término, además de una canción de Michael Jackson, clasifica a las novelas de misterio, suspense… Soy friolero hasta en agosto y huyo de escalofríos todo el año. La distopía (antónimo de utopía) suele describir un mundo imaginario e indeseable pleno de contradicciones entre discursos ideológicos. Explora la realidad con el objetivo de anticiparse a métodos que conducen a la sociedad hacia sistemas crueles o injustos y retratan un mundo irreal como advertencia de sus peligros potenciales. Creo que su etimología es “lugar malo”. Eso lo aclara todo.

En el poblado de Tierney James está prohibido hablar del año de gracia. Cuando las adolescentes son apartadas – y abandonadas- porque en dicha etapa de cambio hormonal, físico y mental poseen poderes sobre los hombres. Son peligrosas y hay que mermar su “magia”, en plena naturaleza antes de contraer matrimonio.

Surgen rivalidades y enfrentamientos entre las adolescentes cuando necesitan unirse para aguantar los doce meses de purificación. Son complejas las relaciones entre ellas y la lucha por el liderazgo para asumir decisiones vitales. Esas determinaciones que las convertirán en mujeres.

La autora cita en la primera página una frase de otra soberbia obra. De “El señor de las moscas” de “William Golding que se ajusta a lo que sucede cuando estas jóvenes están solas, alambrado su ámbito, con extraños intentando capturarlas… “Quizá sea una bestia… quizá sólo somos nosotros”.

Si no tuvieran sexo las criaturas celestiales diríamos “ángelas y demonias” que desvelan nuestras noches después de la última lectura.

El año de gracia

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