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La niña de la banquisa _ de Adélaide Bon.

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por Vanessa Díez Tarí

Ella siete, ellos nueve y once. Vamos a jugar le dicen. La llevan por detrás de la casa, lejos de los adultos. Siguen la senda y entran en la porqueriza. La empujan. Contra un rincón. Cae al suelo. Se raspa las rodillas. Empieza a lloriquear. Dejadme. Uno encima y el otro le coge las manos. Ponte sobre las piernas, no ves que no se está quieta. Dejadme. Y apresurado el que tiene sobre la cadera con una mano se medio quita el pantalón. El otro le tapa la boca. Ella le muerde. Él le tira del pelo. El otro sigue. La hermana es la pieza. Ellos la han cazado. La prueban. No importa si grita, sufre o llora. Cuando ella con el vestido rasgado llega ante su madre y entre lloros le cuenta por qué esta sangrando es ella quien se lleva el bofetón, mientras ellos impunes salen corriendo.

“Hace muchos siglos que nuestra civilización se apoya en la cultura de la violación, dominación masculina y maltrato a la infancia”. “Es más rápido, menos peligroso e incluso menos agotador agredir a una persona que ya ha sufrido alguna violencia”. Relatar la experiencia. La colonización sufrida. Imágenes odiosas, pensamientos violentos y perversos. Sentirse culpable. La víctima empieza su infierno en cuanto él termina. Trauma, terapia, juicio.

Aislada, escondida, miedo a ser descubierta, rechazada, hiperfagia bulímica, trastorno de estrés postraumático, tensión mandibular, terror, odio, violencia, desprecio, repugnancia, perversidad. Las medusas la habitan. Pelvis bloqueada. Intentar gustar a los hombres. Pequeña. Desprotegida. Se ahoga. Crisis de pánico. Histérica. Se aisla. Sin sexo. Desequilibrada. Se paraliza. Ataques de rabia. Tristeza. Brutalidad. Ahoga sus emociones. Alcoholizada o drogada. Se odia. Piensa en el suicidio. Se insulta. Se abofetea. Se muerde las muñecas. No siente nada. Se hace daño. Se anula su placer. Sólo violencia. Le duele la garganta. Le duele la mandíbula. Quiere gritar.

Los estragos del mito de la “verdadera violación” hacen que un abuso sexual no se considere de la misma forma que una violación y el culpable paga menos años. Así conseguir un informe que diga “penetración vaginal con los dedos, lo que podría equipararse a una violación” es necesario para cambiar el proceso.

“La pedocriminalidad sexual no tiene nada en común con el deseo ni con la sexualidad. La violencia genera en el agresor un estrés extremo, una sobreexcitación de la amígdala, desencadena los mismos mecanismos psicotraumáticos que en la víctima”. “La mayoría de las niñas víctimas de violencia sexual presentan amnesias traumáticas”.

Es necesario reparar a las víctimas. Violación de una menor. Mancillar. ¿Existe a caso la recuperación psicológica completa? Secuela psicotraumática. Efectos sobre su vida. Fragilidad psicológica, neurosis, estrés post traumático, penetración y felación forzada. Penetración anal. Catorce voces de niñas que repiten síntomas, secuelas y atrocidades. “Nos conformamos, habíamos tenido suerte, seguíamos vivas, habría podido ser peor. No volvimos a hablar de ello “.

Asisto al encuentro de zoom con Adélaide Bon que ofrecieron Anagrama e Institut Français (está en YouTube) donde la autora nos confiesa al preguntarle por el silencio que una niña no tiene palabras. Es un silencio obligado. No quieren que se las mire a través de esta experiencia. Una víctima está colonizada por el odio del agresor, aunque crea que es propio. Amnesia traumática. Crisis de odio y violencia. Ausente de sí. El silencio es impuesto por el agresor. Todos piden silencio para salir impunes. En cambio las víctimas cuanto menos emoción ponen al contar su experiencia más han sufrido.

La editora cortó veinte páginas de “La niña de la banquisa” , aquellas que repetían las experiencias traumáticas con los hombres, sus amores tortuosos. Ahora se encuentra bien tras veinticinco años de terapia. Y ella quitó un párrafo que tenía que ver con su marido y con ella, por respeto a su pareja. Tiene un hijo de ocho años. La maternidad y su primer año fue muy difícil. Aquel fue el momento en que se sintió más perdida y muchas mujeres se han visto reflejadas en lo que relata de aquel duro momento y le han escrito.

Escribió porque no tenía otra opción. Esta historia la tenía atragantada en la garganta. “Escribí para poder escribir”. Habían palabras que se podían poner en lo que sentía pero esas palabras nadie se las había dado durante mucho tiempo. Quería que sintieran su historia a través del cuerpo y no pudieran salir indemnes.

“Cuando se trata de un incesto el peso sobre la víctima es terrible”. Adélaide agradece que en su caso fuese un desconocido y tras la terapia haber tenido el apoyo de su familia y su marido, algo muy importante. La autora desde el feminismo lucha para poder conseguir cambios en las leyes de violación en Francia para que las víctimas puedan tener acceso a los cuidados necesarios para su salud mental tras el trauma.

La niña de la banquisa

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