Las bondades de un asesino de Sergio Martín.

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por Rubén Olivares

“…El asesinato, en casos comunes, donde la simpatía está enteramente dirigidas al caso de la persona asesinada, es un incidente de horror tosco y vulgar…”

Del asesinato considerado como una de las bellas artes (Thomas de Quincey)

¿Puede haber asesinos buenos? La palabra asesino y bondad parecen conceptos antónimos que difícilmente podrían cruzarse dentro de una misma frase. Sin embargo, Sergio Martín nos propone en su debut literario replantearnos las ideas que tenemos sobre la figura del asesino. Que nadie se lleve a engaño, el protagonista de esta novela es un asesino frío, calculador, sin capacidad de empatía, que ve en sus víctimas poco más que trozos de carne, personajes de una tragedia en la que él es el verdugo y sus víctimas interpretan el papel de ejecutados a sentencia. Pero este personaje que nos presenta Martín logra algo que otros asesinos han tenido en común: posee un aura de seducción que nos atrapa irremediablemente desde que empezamos a leer las primeras páginas de su novela y nos dejamos arrastrar por la historia de este psicópata y sus víctimas. Lejos de generar repulsa, rechazo y reprobación, acabas empatizando con sus acciones (el que más y el que menos hemos deseado alguna vez ver “desaparecer” a alguien que nos resulta odioso), y disfrutando con el destino de sus víctimas, porque aunque debería ser un ser despreciable, Martín convierte a su asesino en un tipo divertido, un psicópata con un código moral particular, que lo acaba llevando a asesinar a víctimas que, de alguna manera, se lo merecen, porque son seres que, en su aparente normalidad, se comportan como personas mezquinas dispuestas a hacer daño a los demás para conseguir sus objetivos.

En “Las bondades de un asesino” nuestro protagonista se convierte en un presunto “justiciero” que, a su modo, devuelve el equilibrio a la vida eliminando a personajes indeseables. Salvando las distancias, Martín recrea un reflejo de Dexter, el personaje de Jeff Lindsay, pero con una pátina castiza y muy quijotesca, porque se puede ser un asesino y no por ello perder la esencia que nos caracteriza como españoles, por mucho tiempo que se lleve asentado en Inglaterra. Nuestro asesino, como Dexter, procura matar sólo a aquellas personas que han provocado el mal a alguien o que explotan a otros, aunque tiene momentos de reflexión en los que juzga que la vida de alguien es de por sí tan miserable, que la muerte sería una liberación y es mejor dejarle con vida.

Martín desarrolla una historia de humor negro, repleta de sangre, violencia y momentos truculentos narrados con detalle, que son aderezados con un agudo sentido del humor y que, personalmente, me traen a la mente las películas de Guy Ritchie (Snatch: Cerdos y diamantes) y a aquella opera prima de Peter Berg que fue “Very bad things”. Dos buenos referentes para lanzarse de cabeza a leer esta novela, compendio de 28 relatos que perfectamente podrían considerarse como cuentos independientes, a través de los cuales conocemos las aventuras y desventuras de este peculiar asesino y ese final, un tanto melancólico pero ajustado a los designios del karma que nos depara Martín. Lo malo, porque algo malo tiene esta novela, es que sea tan breve y al cabo de 171 páginas dejemos de conocer sus aventuras y de reírnos con este peculiar personaje. Sería una fortuna para todos los que hemos descubierto a este autor que siguiera publicando nuevos relatos, aunque haya demorado tanto su estreno como escritor.

 

 

Las bondades de un asesino

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