UA101349465-1

Los buenos hijos de Rosa Ribas. 

k

por Vanessa Díez Tarí

Ella no salía de la cama. La persiana bajada. La vida le pesaba. Las pérdidas la atormentaban. Los vivos que tenía alrededor no eran suficiente para agarrarla de nuevo. Ella sólo veía oscuridad. Las voces en su cabeza le repetían una y otra vez por aquellos que ya no estaban. Repiqueteaban como un salmo doliente. Se agarraba a los calmantes y a los somníferos para alargar el falso sueño que arañaba y adormecer aquella vigilia que la atormentaba.

Detrás de una trama de detectives que nos arrastra y nos hace partícipes hay mucho más en el trasfondo. Hernández Detectives es una empresa familiar al uso, llena de desavenencias y de secretos. A veces la mejor forma de llevarse bien con la familia es callarse o poner tierra de por medio. En “Los buenos hijos” Rosa Ribas nos muestra cómo tras una novela negra es la carga emocional de los protagonistas aquello que subyace y da fuerza al giro de los acontecimientos que se precipitará al torcerse uno de los casos que uno de ellos llevaba.

En realidad más allá del caso, que todo lo complica, poniendo a prueba las lealtades, es el tratamiento de la salud mental lo más interesante en “Los buenos hijos”. La rama materna de la familia acumula mujeres inestables. Mujeres inteligentes, sensitivas y empáticas que en muchas ocasiones no han encontrado cómo encajar en una sociedad apolillada que las juzgaba y las llevaba al límite. Así agotadas llegaban a ocurrir sucesos traumáticos que las marcaban y atormentaban el resto de sus días. Los sanatorios eran lugares oscuros bien conocidos por muchas de ellas.

Rosa Ribas sabe llevarnos por distintas investigaciones abiertas, mientras de fondo persiste latente el verdadero monstruo qué puede despertar en cualquier momento de nuevo y llevar todo al abismo, agotados ninguno de ellos se echará atrás en la tormenta, dejándose llevar por el grito lúcido antes de caer en la oscuridad de antaño para siempre.

Rosa Ribas encubre muchas preguntas tras los casos abiertos ¿cómo llegan al límite las mujeres? ¿por qué se ha callado su voz? ¿por qué no se ha gritado el dolor? ¿por qué se pudren los muertos en ellas? ¿por qué la oscuridad las arrastra y las desgarra? En esta sociedad desconectada de las emociones no se presta atención a todos aquellos que cruzan el umbral de la cordura, en vez de tenderles la mano se les gira la cara y se les aparta de los elegidos. La salud mental es un asunto al que deberíamos poner la lupa para sanar a las personas que gritan al límite del dolor y no reírse ante sus desgracias o prestarles tan sólo un tratamiento que les desconecte de su estado. Rosa Ribas trata un tema delicado y necesario disfrazado de entretenimiento, una píldora fácil de digerir qué entretiene y cumple su cometido, pero si eres consciente también te hará hacerte preguntas ante hechos y personas de tu día a día.

Los buenos hijos

Síguenos

Share This