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País nómada de Jessica Bruder. 

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por Vanessa Díez Tarí

El último recibo de la luz resulta ser un aumento del 70% del gasto habitual. No llega a 65€ cuando suele estar sobre los 35€, la neurosis con la boca del mes anterior te llevó a usar de más la secadora para no estar tan pendiente de la ropa. Como consecuencia un gasto extra. No tener terraza en Lanzarote con los vientos alisios secando tu colada es pecado. El uso de las secadoras de la gasolinera no te parece una locura. Es una forma de controlar ese gasto. Ya las has utilizado cuando alguna vez se ha roto la lavadora o cuando has lavado las cosas del perro. Cada vez han ido en aumento, antes era más raro verlas. Recibos y más recibos. Y además los gastos de comida y alquiler. El recibo de la luz vuelve a subir a primeros de junio, cuando estamos ya con el agua al cuello los que aún estamos boqueando el oxígeno enrarecido que queda. Tras un año de pandemia y sin soluciones reales seguimos en modo supervivencia. Los políticos no van a echarnos el salvavidas, quizá el anzuelo pero tendrá un coste. Siempre lo tiene. Y no hablo de colores, todos tienen razones para bajar la cabeza y darnos cuentas, porque realmente no salen. Escuchad “El Espejo Canario” y sabréis de qué hablo. Todavía con la crisis sanitaria sin solucionar, que sí ha sido a nivel mundial, pero debemos comer y los negocios cerrados y sin turistas y sin expectativas reales a corto plazo. Los ERTES habrá que devolverlos y las familias no pueden más. Subida de impuestos. Seguir cobrando durante toda la crisis sanitaria a los autónomos. Y quizá cuando vayan a llegar los aviones llenos de turistas a las islas ya estén cerrando las persianas de los souvenirs y los hoteles sin abrir todavía.

Si os digo que ya desapareció la clase media no creo que sea una sorpresa, que ya desde la crisis de 2008 estaba difícil la cosa, pero tras el covid será todo mucho más complejo. Ese año fue cuando terminé la carrera universitaria y volví a la hostelería. Siempre hay que llenar la nevera y pagar facturas varias. Enlazar trabajos precarios que te permitan sobrevivir es un lujo en tiempos de cifras desorbitadas de paro. Ves lejos los sueños, pero para alcanzarlos hay que comer. Si ves familias desahuciadas por los bancos en los telediarios pero tienes un techo donde cobijarte y un plato caliente te sientes afortunada. En “País nómada” Jessica Bruder nos habla de toda esa gente que después de la crisis económica de 2008 se quedó fuera del sistema. Muchos perdieron sus casas y otros no podían hacer frente a los gastos básicos o médicos, caer enfermo en EEUU es demasiado caro. Se arriesgaron y se echaron a la carretera. Caravanas, furgonetas o autobuses adaptados en su interior como casas con ruedas. Vivir en los márgenes fuera del sistema y mal mirados y quizá perseguidos, no se puede acampar libremente en muchos estados y mantener una parcela de camping es caro. Lo han perdido todo. Se sienten derrotados. Muchos de ellos habían trabajado para estar tranquilos durante su jubilación y lo perdieron todo. No es lo mismo elegir esa vida que verse abocado a ella.

Ser nómada es tan duro como ser labrador en un entorno rural inhóspito. Cuanto más autosuficiente seas mejor parado saldrás. Hombres y mujeres de más de sesenta teniendo que completar sus pagas de jubilación con trabajos temporales como temporeros en distintos almacenes o campings y aún así vivir en una caravana por el alto coste de los alquileres. Es la rueda de hámster del sistema capitalista sin fin en el que todos estamos inmersos. Además de no poder cobijarse en casa de los hijos, los que los tienen, porque hay demasiadas bocas que alimentar y un sueldo escaso para todos. Finalmente vivir en movimiento les da dignidad en sus últimos días de salir adelante por sus propios medios y tomar las riendas de sus vidas, elegir entre quedarse quieto y que les ahoguen las deudas o entrar en acción. Los años cerca de Ciudad Quesada te mostraron otras formas de vivir. Tanto ingleses como alemanes utilizaban aquellas lavadoras que aún no abundaban como los nómadas. Gente de más de setenta aprovechando la vida de sol y playa durante sus últimos años. Somos una tierra más soleada y económica. Los europeos están más acostumbrados que nosotros a viajar usando los albergues o las caravanas. Los nómadas aprovechan las duchas que funcionan con monedas de las lavanderías. O se apuntan a cadenas de gimnasios para poder usar las duchas. Conocen los supermercados que dejan aparcar en su parking. A través de Internet han ido creando una red de cuidados para sostenerse en esta dura andanza, porque también se necesitan los apegos aunque se viva sobre ruedas, en algunas ocasiones incluso más.

“País nómada” fue escrito en 2018 y después llegó la pandemia de la que parece estamos saliendo. Me gustaría un análisis del después. Tras toda esta hecatombe puede que muchos de los casos reflejados en el libro fueran víctimas del covid durante los primeros meses en que su anterior presidente pensó más en las empresas que en las personas. Por franja de edad y tipo de vida los nómadas son más vulnerables a las epidemias, ya que si eres pobre quizá tienes que elegir entre comer o tener seguro médico y sin vacuna puede que ya no existan para saber qué fue de ellos. La vida nómada es más dura, aunque libre, aún así se ha procurado desprestigiarla desde los medios y los gobiernos para que el grueso de la población tenga miedo de todo aquel que lleve un estilo de vida itinerante, bajo sospecha, ¿pero cómo mantener el exceso de gastos que nos imponen a largo plazo? Son muchas familias las que viven ahogadas de impuestos sin poder llegar a final de mes y la soga se aprieta cada vez más, los sueldos bajos si es que existen, y ¿cuál de nosotros está libre de caer arroyado por facturas y deudas si se vive al mes y a crédito en muchos hogares? ¿Elegir entre comer o pagar la hipoteca? ¿Entre el dentista o el mecánico? Echarse a la carretera cuando ya no se puede más en esta farsa es una decisión valiente, no todo el mundo quiere terminar sus días cubierto de meados siendo una carga para los hijos o terminar encerrado en un siniestro jardín de ancianos, así algunos prefieren ver mundo mientras el cuerpo les lleve y después decidir cómo acabará su vida si es necesario, en otros casos los encuentran muertos tiempo después.

País nómada

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