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Solo pasiones, retorcido amor de “rebe”

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por Sandro Maciá

Místico estreno de “rebe”

 

Mucho tiempo llevaba yo oyendo hablar de esta chica y muy poco atento he estado… ¡Mal! ¡Muy mal! Porque luego se da cuenta uno de que las horas pasadas no vuelven y de que el descubrimiento, cuando es más tardío de lo esperado, nos lleva a la ausencia de un disfrute mayor en el tiempo, al menos por lo dictado según la premura de la novedad.

Pero, como decía María Jiménez: “se acabó”. Se terminó eso de ver sólo y no reparar en lo que nos lleva ofreciendo desde hace tiempo la joven que hoy nos ocupa y que está revolucionando redes -y medios en general- con su arte. Pongo, desde hoy mismo, fin a este “sí pero no”, a este gesto de quedarme en la orilla y no saltar al mar. Finiquito hoy mi insistencia basada en el “guilty pleasure” y me zambullo hasta las profundas aguas del mar que se nos abre, en forma de peculiar universo estético y sonoro, con “rebe” -así, en valiente minúscula- y su mini-LP, “solo pasiones…” (Elefant Records, 2021) -también en minúsculas-, un trabajo poliédrico y místicamente adictivo sobre el que navegar, quedando atrapados en la figura de su propia autora y en el concepto donde ella y su música se desenvuelven.

¿Es casual que estemos hablando de alguien cuyo debut, aquel cassette titulado “Recuerdos de cuando me aplastó una roca y me morí” (2019), se agotó casi antes de salir a la venta? ¿Será fruto del azar que mis tímpanos hayan decidido centrarse en la que tiene el don de tamizar cualquier estilo para hacerlo propio y dar una nueva vida, en forma de versión, a temas tan dispares como “Ni una sola palabra” (Paulina Rubio), “Dama dama” (Cecilia), “El futuro” (Kikí D’akí) o el “Corazón partío” de Alejandro Sanz?

Nada de eso. Estas cuestiones no son más que avales para poder amar aún más esa destreza que denota “rebe” en “solo pasiones…” al transitar, como mismamente se promociona, “parámetros musicales que otros no se atreven a tocar, afilados, turbulentos, peligrosos”, jugando con una dulzura ambigua que combina lo kitsch y lo bizarro, mezclando la fantasía decimonónica con lo galacticamente espacial, logrando que, de todo esto tan a priori loco, surjan los seis cortes que dan forma al trabajo presentado.

Cortes, canciones, temas… en la variedad de la denominación está el gusto. Pero, lo realmente importante es el viaje que conforman en su conjunto. La experiencia que suponen en su recorrido, en el paseo que se inicia con la inquietante “Como si fuera una mosca” -¿atmósfera distorsionada y distorsionante como punto de encuentro entre José Luis Perales, BROADCAST y Cecilia? Tal cual-, y que sigue con la poética “ven a buscarme temprano” -quizá retorcida, pero armónicamente atrayente y juguetona-, la ya conocida “Jamón” -no menos cautivadora, pero sí más completa en cuanto a referencias, pasajes rítmicos equilibrados y un concepto oníricamente erótico y moralmente incorregible-, la marchosa (y nuevamente macabra) “La más wapa del bar” -donde colabora Pup Puppy y cuyo desarrollo se centra sonora y literalmente en “la historia del placer en el que se regodea una viuda negra, la sangre del amor superficial que se alimenta del sufrimiento”-, la alegre pero intimista “Mis creadores” -¿vergüenza narcisista? Ni pensarlo. Menos aún con ese ritmo tan suyo- y la tropicalmente discotequetera “Xanclas sobre el asfalto”, donde lo pegadizo se mezcla con lo pasional y lo retorcido se nos presenta como asumible.

Un ejercicio, además, este de asumir y amar, que libremente hará quien quiera saltarse cualquier prejuicio y descubrir que todo en este lanzamiento de “rebe” tiene un motivo: desde su producción hasta sus notables referencias, sin olvidar el misticismo hipnótico que despierta y que no decae.

Prueben, prueben…

 

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