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Aquel sofocante verano de Eduard von Keyserling. 

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por Ana Olivares

«Angustia cotidiana». 

Con esta portada de abejorros, escarabajos, mariposas, libélulas y avispas sobre un fondo amarillo medio, y su evocador título -Aquel sofocante verano-, Pequeños Placeres de Ediciones Invisibles nos invita a sumergirnos en una de las obras de Keyserling, regalándonos una lectura concisa y perfecta para esta época estival.

Bill, es hijo de una familia aristocrática que ha suspendido los exámenes de acceso a la universidad. Y como castigo, durante el verano, en vez de disfrutar del mar junto a su madre y hermanos, tendrá que viajar en tren hasta Fernow, la hacienda familiar, para quedarse con su padre, casi un completo desconocido para él. -Para tratarse de una creación del siglo XIX, la situación es parecida a la realidad que viven millones de adolescentes actualmente-. Comienza siendo un proyecto de introspección a través de la visión y prejuicios que tiene nuestro protagonista sobre su padre. El señor Gerd es presentado como un hombre distante y altivo debido a su papel como pater familias adinerado. Dicha visión se irá transformando hacia un ser humano real, que siente y padece, que mantiene sus propias luchas internas y oculta secretos; y que se rige entre la pasión y el rigor protocolario que implica su posición.

Cuando al fin piensas que vas a conocer verdaderamente las auténticas motivaciones del señor Gerd, resulta que tan sólo era un peón en esta historia; ya que su protagonista principal siempre ha sido su hijo Bill.

Es desconcertante, ya que se esconde una historia de amor que también se encargará de confundir al lector. Todo ello bajo descripciones deliciosamente naturales y una prosa medida y justa, que se adecua perfectamente a la época y escala social que se nos presenta. Sobre todo, en el trato de Bill a los criados y aldeanos de segunda, con los que no se muestra abusivo, pero sí denota su estatus.

Otros aspectos a destacar son los detalles más cotidianos pues tan sólo a través de éstos podemos comprender mejor la forma de vida de esta familia en esta época. Por tanto, la parte histórica es bastante rica y nos aporta un vocabulario evocador.

Lo que más me ha gustado es esa prosa que cautiva, bella y comedida, con una gran capacidad para hacer sentir, e identificarnos con un personaje principal al que no solemos estar acostumbrados. Pero sobre todo por una trama que ofrece mucho más de lo que parece. Lo que empieza siendo una especie de día a día en la vida de un joven acomodado, se convierte en una historia de amor y descubrimiento personal. Aquel sofocante verano en el que Bill al fin parece comprender quien es su padre en realidad. Las consecuencias de todo este enredo pueden ser determinantes para su crecimiento, todo ello bajo una atmósfera asfixiante y casi febril, que aporta mayores dosis de intriga, y cierta angustia vital. Quizá este sea el mejor adjetivo para calificar la historia.

Muy recomendable y de lectura liviana. Os ayudará a combatir el calor refrescando la mente.

Aquel sofocante verano de Eduard von Keyserling

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