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La frontera lleva su nombre de Elena Moreno Scheredre. 

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por Lara Vesga

Desde finales del siglo XIX y hasta los años cincuenta del siglo pasado, las jóvenes más humildes de la zona del Pirineo navarro cruzaban a pie las montañas cada octubre para trabajar hasta la primavera en las fábricas de alpargatas francesas. Estas mujeres eran conocidas como las golondrinas, ya que, como estas aves, marchaban en otoño y regresaban en primavera, cargadas de enseres para su familia y para el ajuar de sus futuros matrimonios.

Esperanza Escaín es una de esas golondrinas. Ella cruzó los Pirineos por primera vez en 1913, a pocos meses de que estallara la Primera Guerra Mundial, contienda que le dio una de cal y de una arena, ya que por ella conoció, pero también perdió su porvenir. Muchos años después su bisnieta, llamada también Esperanza, al igual que su hija y su nieta, decide escribir la historia de sus antepasadas como homenaje a unas mujeres fuertes y valientes que no transitar on precisamente un camino de rosas, y también como catarsis tras un giro radical en su propia vida.

Elena Moreno Scheredre (Bilbao, 1953) ha compuesto una bellísima historia generacional que es una oda a las golondrinas, mujeres que se dedicaron a cruzar los Pirineos para trabajar en Francia y labrarse un porvenir para ellas y sus familias, trabajando en fábricas de alpargatas por siete o diez céntimos de franco la hora. Vestidas siempre de negro, sin faltar nunca a misa y evitando a toda costa a los hombres, las golondrinas vivían a caballo entre dos países, sin saber nunca a ciencia cierta si las raíces de sus vidas estaban a un lado o al otro de los Pirineos.

La calidad como escritora de la autora se desprende de cada una de las líneas de «La frontera lleva su nombre». Fondo y forma van unidos de la mano en una novela que es un deleite de lectura en todos los sentidos, destacando la soberbia construcción de unos personajes capaces de callarnos hasta los huesos. Desde la primera Esperanza, la golondrina que inaugura la saga, pasando por su hija Esperanza, conocida como Perla, quien no tuvo padre ni marido por culpa del cruel destino de una España partida en dos, hasta llegar a Espe, una mujer que tampoco tuvo padre y sí mucho silencio y soledad, y culminar finalmente con Esperanza Ayerra, alguien con conflictos personales que nada tienen que ver con los de sus antecesoras y quien decidirá recopilar y narrar las vidas de todas ellas.

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