LA HISTORIA DEL MUNDO EN 50 PERROS de Mackenzi Lee e Ilustrado por Petra Eriksson.
por Ana Olivares
Canis lupus familiaris.
¿A quién no le gustan los perretes? El perro, el mejor amigo del hombre. Una frase por excelencia que no deja dudas de la posición que merecen los canes en nuestra vida. Desde el perro que hizo posible la invención del teléfono al que asistió a Sigmund Freud en sus terapias, vamos a hacer un recorrido de la mano de Mackenzi Lee a través de la historia para conocer la verdadera relevancia que han tenido en nuestro mundo estos bellos y peludos seres que domesticamos siglos atrás. Se trata de un homenaje a ellos, embellecido por las ilustraciones de Petra Eriksson, a todo color y de una calidad impactante donde deja su sello personal. Y como, además, soy una idealista, espero que de alguna forma este libro también sirva para contribuir a que se endurezcan las penas contra el maltrato animal y nos libremos por fin de la lacra que supone que estos infrahumanos sigan campando a sus anchas por nuestras calles. Pues una sociedad que se precie, debería proteger a estos inocentes y excelentes seres con más vehemencia, al menos parecida a la que ellos nos procesan a nosotros.
Abuwtiyuw fue el primer perro de la historia con nombre conocido. Era de raza tesem, así llamaban en Egipto a los perros de caza, y su existencia data del siglo XVI al XI a.C. Muchos faraones enterraban a sus perros con ellos, y quizá el mejor ejemplo que inmortaliza el amor que procesaban a éstos, fue que el dios Anubis estuviese representado con la cabeza de un chacal. Además, tenían una deidad canina, Upuaut, cuyo nombre significaba «el que abre los caminos» . Esta raza en especial me encanta, ya que me recuerda a mi propio perro, me lo encontré de cachorro en la carretera y ya nunca más me separé de él.
En México tenemos a el Xoloitzcuintli o xolo para abreviar. Una raza bastante rara y poco agraciada, pese a ello se consideraba sagrado para mayas, toltecas, zaponecas y aztecas. Fue el dios Xólotl quien lo creó a través de una astilla del Hueso de la Vida con el que se creó toda la especie humana. Se creía que tenía poderes curativos y se comunicaba con el más allá. En China encontramos a Panhu, el perro mítico que el propio emperador Ku acabó desposando con su hija por haberle traído al cabeza de su adversario. La princesa estuvo encantada de cuidar de él hasta su muerte, a pesar de que la magia no lo convirtió del todo en humano. En muchas regiones de China los perros son venerados con altares, y pese a que existe mucha controversia con el tema de que fueron domesticados para servir como alimento, por fortuna, pocos se atreven a comérselos por temor a enfurecer a sus ancestros. En Grecia tenemos a Argos, el perro fiel de Odiseo, rey de Ítaca, que fue el único en reconocerlo bajo su apariencia de anciano al volver de su periplo y murió tras más de 25 años esperando a su dueño. Una trágica historia del estilo de la mitología griega…
Todos los perros van al cielo es el título de uno de los capítulos del libro, pero también una película de dibujos que me marcó la infancia. Hablamos de la India, y del relato del rey Yudhishthira y el perro mestizo que lo acompañó hasta el final del trayecto. Cuando iba a atravesar las puertas del cielo, dijo que no cruzaría sin si perro, y cómo no lo dejaron, se negó los placeres del paraíso. Eso sí que es fidelidad nivel Dios.
Péritas Magno, el célebre perro de Alejandro Magno, quien viajó con él hasta Mesopotamia y combatió con fiereza y sin tregua demostrando su lealtad. Se trataba de un mastín, eso creen los expertos, uno que defendió a este personaje histórico contra el ataque de un elefante. Seguramente la historia fuera magnificada, sin embargo, Plutarco sí lo recoge en sus escritos como el perro de este gran conquistador.
En Escandinavia tenemos al cazador de alces, similar al akita o al malamute de Alaska. Lo que sí sabemos es que los perros dominan el folklore de estos pueblos desde hace siglos, tanto, que se han encontrado muchos enterramientos vikingos con canes junto a guerreros.
Luego hablamos de San Roque, el santo patrón de los perros, que en la mayoría de sus representaciones aparece con un perro que lame sus llagas o lleva una hogaza de pan en el hocico. O Donnchadh, el perro de Roberto I de Escocia, quien lo salvó de una emboscada y de una muerte asegurada. Los perros de guerra que fueron llevados a los ataques colonialistas de América del Sur o un carlino que en los países bajos evitó un asesinato real. Vamos, que ni el sabueso de los Baskerville… También tenemos a la pomerania de Isaac Newton, Diamond, quien quemó el estudio sobre la teoría de la gravedad por un pequeño accidente doméstico, a pesar de la depresión de éste, siempre escribió en sus cartas que su perita subía a la cama a dormir con él. Demostrándonos que el amor lo cura todo, y que Newton era un hombre de principios que retomó dicha investigación y acabó terminándola sin guardarle rencor a su mascota. Y por último, mención especial a los Terriers que los rusos mandaron al espacio. En 1958 eligieron a Laika para mandarla a un viaje sin retorno, cruzó la atmosfera y estuvo orbitando hasta que la nave se sobrecalentó y explotó…Dejemos de experimentar con animales, es lo que reivindica nuestra autora.
Sólo os he comentado algunas de las historias y razas que encontraremos en esta novela, lo importante es que las vayáis descubriendo vosotras y vosotros mismos. Ya que la narración es muy informativa a la par que divertida, repleta de anécdotas y datos curiosos que os encantará saber. Ya que este libro no es sólo para amantes de los perros, lo es para dejar constancia de la importancia que han tenido y seguirán teniendo los canes en nuestra vida.
