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Últimos días en Berlín de Paloma Sánchez Garnica. 

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por Gemma Juan Giner

Qué historia tan intensa, tan dura, tan emocionante y tan bella. ¡Cómo nos puede cambiar la vida en unos segundos… para bien y para mal! Acabo de leer “Últimos días en Berlín” y todavía sigo en shock. Creo que debemos dar gracias cada día por la época en la qué nos ha tocado vivir.

¡Cuánto sufrimiento, cuánta guerra y cuántas muertes a lo largo de toda nuestra historia!

Fiel a su estilo literario, muy personal, totalmente envolvente, lleno de realismo y de situaciones costumbristas, Paloma Sánchez Garnica ha conseguido cautivarme, una vez más, con esta novela, gran merecedora de ser finalista del Premio Planeta 2021

La primera novela que leí de esta autora fue “La Sospecha de Sofía” y se convirtió en una de mis novelas favoritas pero… “Últimos días en Berlín” es un auténtico novelón. En varias ocasiones, a lo largo de la historia, se me han saltado las lágrimas. En una de estas, aparté el libro, abrí Instagram y escribí directamente a la autora para darle la enhorabuena por esta novela.

A Paloma la define muy bien su estilo tan marcado. Crea personajes fuertes, con actitud, que dejan una gran huella en el lector, tanto para bien como para mal. Y en esta novela en concreto, la mujer juega un papel muy importante. Paloma Sánchez Garnica ha conseguido hacer, sin ninguna duda, un homenaje a tantas mujeres anónimas que vivieron y sufrieron esos momentos históricos tan terribles y de las que poco se habla.

“Últimos días en Berlín” presenta un perfecto trayecto social, político y económico, ambientado a caballo entre Alemania y Rusia desde el año 1921 hasta el final de la II Guerra Mundial, centrándose sobre todo entre los años 1933 y 1945. El protagonista es Yuri, un joven ruso con ascendencia española, que por motivos de extrema necesidad familiar y política, huye del bolcheviquismo aún siendo un niño de su San Petersburgo natal a un Berlín en pleno auge del nazismo. Dicha huida supone una ruptura familiar que marcará el resto de su vida.

El ritmo de la historia lo marca la búsqueda de respuestas a cuestiones familiares, la fuerza del amor y la lucha por sobrevivir en una guerra que parece no terminar nunca. Este ritmo tan bien confeccionado es el que mantiene la atención del lector de principio a fin, ambientando de manera excepcional las diferentes fases en las que se desarrolla la novela.

Además, describe todas las clases sociales y políticas con maestría, tanto las altas esferas nazis o rusas como las clases más bajas y desprotegidas, en un periodo de convulsión y tragedia continua, la estructura de los diferentes cuerpos policiales, el exterminio que sufrió el pueblo judío, la crueldad empleada tanto por nazis como bolcheviques allá por donde pasaban, etc. Y todo ello con una delicadeza sublime en la que la resiliencia, el afán de superación, el amor, las ganas de supervivencia, la venganza, el odio y la pasión, se van alternando en la lectura.

Concretamente, la novela es un rechazo a cualquier tipo de totalitarismo, ya sea ruso, alemán, o español. En este sentido, es interesante ver cómo esos movimientos van empapando la sociedad, cómo les arrastra, a algunos sin darse cuenta y a otros con todo conocimiento de causa. Y todo ello, muy bien documento, otra cualidad que sin ninguna duda, define a la autora.

Esta novela consigue poner el foco en el amor en un período terrible de devastación y terror. Nos muestra que incluso en ese infierno que vivieron muchísimas personas en los años treinta del siglo XX por culpa de los totalitarismos, siempre existe un espacio de luz, un sitio para la esperanza, para seguir viviendo.

Así, a lo largo de toda la novela, trata el amor en sus múltiples variantes. En primer lugar, porque existe un triángulo amoroso entre un hombre y dos mujeres, con una se trata de un amor pasional, imposible de frenar; con la otra es un amor sereno, basado en el respeto y la admiración. Sin embargo, también nos encontramos con más tipos de amor: el infinito de las madres, el de los hijos hacia la madre, entre hermanos… Incluso hay hueco para la amistad verdadera, ese sentimiento tan poderoso que es capaz de darnos fuerza cuando más la necesitamos.

En definitiva, ha sido una novela que me ha tenido pegada a sus páginas desde el inicio. Puedo decir que ha sido una de las mejores lecturas del año, junto con “La Sospecha de Sofía”, también de Paloma Sánchez Garnica. Y es que debo confesar que su pluma, me transmite página a página, y ya se ha convertido en una de mis autoras favoritas.

Tras leer esta historia que me ha dejado totalmente conmocionada, me quedo con esta frase de la novela: “Nunca olvides que el amor y la esperanza son infinitamente más poderosos que el odio y la furia”. Gracias Paloma, gracias por tu pluma y por tu sensibilidad.

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