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Nietas de la memoria de VV.AA.

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por José Luis Sola Marín

Nietas de la memoria de VV.AA.

Nietas de la memoria de VV.AA.

Nietas de la memoria no es un libro más sobre la Guerra Civil o la represión sufrida por los españoles durante el Franquismo, es la voz de las mujeres, las eternas olvidadas de la historia. Fueron las mujeres las que se quedaron en la retaguardia, en su gran mayoría, cuidando de la prole y sufriendo acoso, violaciones, insultos y la intransigencia de los “nacionales”, cuyo patriotismo era más que dudable. Tras la guerra fueron ellas las que más sufrieron no sólo porque estaban en el bando perdedor o sus familiares fueran vilmente fusilados en sumarísimos consejos de guerra sin derecho a la defensa, una denuncia de alguien que se quisiera vengar era suficiente, es que simplemente las borraron de la vida pública.

Fueron las mujeres uno de los colectivos más beneficiados por la legislación de la II República pero los sublevados no estaban de acuerdo en que las éstas pudieran divorciarse, ni votar, ni tampoco estaban muy convencidos con el ideal de mujer emancipada, trabajadora y capaz de tomar sus propias decisiones, las preferían sumisas y siervas sin ninguna capacidad de decisión en ningún aspecto de su vida.

Sus nietas le ponen ahora voz a los horrores que sufrieron todas y cada una de estas mujeres tras el levantamiento de unos golpistas contra un gobierno legítimo y contra toda su legislación modernizadora, europeísta, base y referencia para la Alemania de Bonn o la Italia surgida tras la II Guerra Mundial.

Cada historia es diferente, cada una tiene unos matices, pero todas tienen en común el sufrimiento, la tristeza y la imposibilidad de ser las dueñas de sus vidas. Todas ellas pretendían vivir en libertad, pero a ninguna de ellas se lo permitieron porque no hemos de olvidar que el hombre siempre estaba –incluso, lo siguen estando en algunos casos- en una posición superior a la mujer, controlando y decidiendo por ella.

A continuación, menciono algunos de los pasajes que más me han llamado la atención y tienen aspectos interesantes que me gustaría destacar.

Incluso era obligatorio ir a misa los domingos al propio colegio. Todas las alumnas teníamos unas cartillas en las que nos estampaban un sello la monja que estaba a cargo. Esta imagen confirmaba la asistencia a la misa dominical, sin ella no se podía entrar a clase el lunes y significaba también la expulsión. Ni mi familia ni la de ninguna de mis compañeras se podían permitir otros colegios, así que había que obedecer. (Nietas de la memoria, 80).

Pilar Primo de Rivera, aquella señora que aseguraba que la “vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse”. (Nietas de la memoria, 81).

Ya entonces era consciente de que mi situación de vulnerabilidad era mayor por algo tan simple y tan sencillo como formar parte del mal denominado sexo débil. Era habitual que los soldados entrasen en las casas y violasen a las mujeres. (Nietas de la memoria, 119).

“Apenas recuerdo a mi padre Baltasar. Yo era muy pequeña cuando pasó todo. No pude estar casi con él. La cárcel le mató y se lo llevaron por dar la cara. Por luchar. Los otros le dejaron solo como cobardes. Tú hija, no te signifiques mucho, que luego a la hora de la verdad, te dejan sola”. (Nietas de la memoria, 225).

Nadie me preguntó de colores, ni de repúblicas o reyes. A las mujeres poco nos tenía en cuenta, y menos a las criadas. (Nietas de la memoria, 100).

Los hombres gozaban de una libertad que no nos estaba permitida a las mujeres. Ni ninguna de mis amigas ni yo nos atrevíamos a entrar solas en un bar para tomarnos un café. (Nietas de la memoria, 84).

Don Paternaino –el cura- nos insultaba desde el púlpito y ponía a la gente en contra nuestra. A veces pasaban en procesión por delante de nuestra casa y daban patadas a la puerta o nos tiraban barro. Esa era la piedad católica que podíamos esperar de sus feligreses. A partir de entonces, nuestra vida cambió definitivamente y raro el día que no nos veíamos inmersos en alguna situación de denuncia inventada para hacernos daño. Nietas de la memoria, 66).

El final de la guerra dejó un país devastado. El mapa de aquella España era gris. Presentaba la imagen de la destrucción, la miseria, el atraso, la estrechez. Cuando salimos definitivamente de los refugios nos metieron en una gran iglesia, en un rezo permanente de rosarios y novenas vigilantes de la moral donde las mujeres fuimos las grandes perdedoras. (Nietas de la memoria, 76).

Como reflexión final y a modo de conclusión, los derechos de las mujeres (y otros colectivos como el LGTBI+) siempre están en entredicho –y en peligro- y cada vez que hay un avance de derechos la extrema derecha y la derecha extrema se alían para volver atrás y en realidad los derechos no son un peligro, lo que representa un peligro para el avance de la sociedad es la derecha y sus posiciones ultramontanas (que no se asemejan, ni en la forma ni en el fondo, a los partidos conservadores franceses o alemanes). Lo hicieron en el 36, lo hicieron en el 2011,lo han hecho en 2023 en las Comunidades Autónomas donde la suma ha sido posible  y lo volverán a hacer en el futuro, si se dan las circunstancias.

Nietas de la Memoria es una recopilación de las historias familiares de mujeres diversas y luchadoras que siguen defendiendo sus derechos como lo hicieron sus abuelas, aquí quedan narradas las historias personales de Carolina Pecharomán, Cristina Prieto, Isa Gaspar, María Grijelmo, Isabel Donet, Noemí San Juan, Sara Plaza, Marían Álvarez y Carmen Freixa, historia muy duras, tristes y representativas del calvario de las mujeres que perdieron la guerra, sus derechos y su dignidad.

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