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Una promesa de juventud de María Reig

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por Gemma Juan Giner

Una promesa de juventud de María Reig

Una promesa de juventud de María Reig

Cuando me tocó elegir novela para el Club de Lectura que hemos formado en mi empresa, no lo dudé. Tenía que dar a conocer entre mis compañeros de trabajo a María Reig, una de mis escritoras favoritas. Ya les había recomendado a todos leer su primera novela, “Papel y Tinta”, pero no la podía elegir para el club porque yo ya la había leído. Tenía que ser una novela nueva para todos. Así que opté por “Una Promesa de Juventud”, la segunda novela de María Reig.

Debo confesar que le tenía miedo. Después de leer «Papel y Tinta», que es una de mis novelas favoritas, tenía las expectativas realmente altas, pero cierto es que «Una Promesa de Juventud» no ha hecho más que reafirmar mi convencimiento de que sabe contar las cosas con alma.

¡Qué historia tan dura! Qué cercanos consigue que sean los personajes. Sara, George, Charlotte, la profesora Travert, Caroline, Adam… Me he adentrado totalmente en la historia, en sus internados, en su guerra, en su enorme amistad, y han conseguido hacerme llorar.

La novela histórica es una de mis favoritas, me encanta devorar libros de esta temática, indagar en las guerras, en cómo las vivieron las personas a las que les tocó vivir estas épocas tan duras, y María Reig sabe plasmar todo esto a la perfección.

La protagonista de esta novela, Caroline Eccleston, es estudiante de doctorado en la Universidad de Oxford y está trabajando en su tesis. Concretamente, quiere descubrir cómo influenció la Segunda Guerra Mundial a los alumnos de los colegios internacionales de Suiza, donde convivían jóvenes de los distintos países, beligerantes o no; cuáles fueron las consecuencias sociológicas de experimentar el conflicto desde ese ámbito y que características históricas tuvieron tales instituciones en aquellos años.

De este modo, con el fin de ampliar su tesis, decide llamar a Charlotte Geiger, exalumna del internado femenino Santa Úrsula. Pero cuando realiza la llamada telefónica, su interlocutora cuelga el teléfono de pronto y su propósito parece irrealizable. No podrá hacerle el favor al señor Burrell, cuya difunta esposa, Eleanor Fitzgerald, estudió en ese internado para señoritas. Sin embargo, muy poco después recibirá una invitación de la señora Geiger para visitarla en Zurich. Pero ¿qué le ha hecho cambiar de opinión a Charlotte Geiger?

A partir de este momento, Caroline se desplaza a Zurich para conocer, de primera mano, el abrupto cierre de Santa Úrsula, el curso 1939-1940. Con cada cita que mantienen, retroceden al pasado y Carol va descubriendo esos vínculos que existieron entre Charlotte y sus amigas. Y en especial, con Sara, una chica española que llega ese curso a la escuela. Además, asiste, en primera línea, al avance de la historia y la contienda en ese año tan complejo, a lo largo del que Suiza fue quedando rodeada por países afines u ocupados por Hitler. La guerra, las relaciones entre alumnos y profesores, los secretos y los misterios con los que se topa Carol irán entrelazándose, guiándola hacia la respuesta de su pregunta inicial.

Tanto Caroline como Charlotte son dos mujeres que buscan respuestas a un sinfín de preguntas. Caroline, al principio, por interés, pero luego por amor propio y por unir todas las piezas del puzzle. Charlotte es harina de otro costal y aunque al principio pueda resultar altanera y un poco pedante, es un personaje de una gran fuerza, de un gran carisma y sin ella, este libro no estaría completo. Charlotte ha estado mucho tiempo en silencio o sin hablar de este tema, pero creo que se da cuenta de que Caroline es la persona adecuada para sacarse de dentro una espinita.

Es una novela en la que las mujeres son las protagonistas, pero sin dejar de lado a ciertos personajes masculinos que son el motor de algunas decisiones que se toman, de algunas conversaciones y de algunos pensamientos. Adam, Damián y George son tres de los personajes masculinos más relevantes de esta historia, los cuales han conseguido emocionarme. Damián es de esos protagonistas silenciosos, pero con muchas cosas que contar, con muchas cosas que nos hacen pensar. Adam es alguien con quien me tomaría un café y pasaría largas horas hablando, un tipo interesante, atractivo, buena persona y un mejor docente, con una gran cantidad de valores que intenta inculcar a sus alumnos. Y a George, le tengo un cariño muy especial, un chico que parece fuerte pero que es pura vulnerabilidad, tiene un potencial enorme pero no se valora, tampoco tiene el amor de su familia pero sí tiene mucho amor por dar y que, gracias a Adam y a Sara, se da cuenta de lo importante que es luchar en la vida por lo que uno quiere.

La cuidada pluma de María Reig demuestra, página tras página, el gran trabajo de documentación que ha realizado la autora. Las descripciones de lugares que nos muestra a lo largo de la historia me han encantado. La descripción tan detallada de momentos puntuales, de las vidas de los personales, provocan que me meta tanto en la historia que no la puedo soltar.

En conclusión, otra maravillosa novela de María Reig. Ya lo fue «Papel y Tinta», lo ha sido «Una Promesa de Juventud» y estoy segura de que ya no dejaré de leer nada suyo, ya que con nada novela me atrapa con esa forma sencilla y emotiva con la que cuenta las cosas, creando una trama en la que los personajes y la ambientación son los máximos soportes de la historia, con su lenguaje sencillo y rico, y manteniéndome pegada a las páginas de «Una promesa de Juventud» por lo que cuenta y por cómo lo cuenta, y convirtiendo esta novela en una lectura que sin duda recomiendo.

Es una novela para disfrutarla, para leerla con calma y saborear cada instante, cada detalle, cada diálogo, cada personaje. Una obra fantásticamente documentada, con diálogos elaborados con mucha destreza y madurez, los personajes son maravillosos y la ambientación, el lugar, se convierten en un personaje más. Adoro cómo escribe esta mujer y el papel tan importante que les da a sus protagonistas, mujeres valientes y con enorme personalidad.

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