Cambia tu vida con Jane Austen de Carla Gracia
por Ana Valín
Seamos ambiciosos y aspiremos a ser felices
En plena celebración del 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen, surge este texto, “Cambia tu vida con Jane Austen”, que explora las cualidades de resiliencia de las heroínas de sus libros, proponiendo, además de este análisis, una aplicación práctica de las mismas a nuestro día a día para, como muy bien se indica en el subtítulo “vivir con amor, valentía y libertad”.
Me ha sorprendido de este libro la inteligente dosificación de consejos anímicos a tener muy en cuenta en un contexto en el que, si bien las mujeres no vivimos tan restringidas ni sometidas a los convencionalismos sociales, seguimos estando a merced de lo que se espera de nosotras a nivel familiar, profesional e incluso en el contexto de nuestras interrelaciones. Me han gustado así frases como la de la dedicatoria, dirigida a esas almas libres “que se aventuran a vivir según sus reglas” o justamente la que cierra el volumen: “tal vez solo haga falta intentarlo”.
A lo largo de 17 capítulos se resaltan de este modo cualidades como el orgullo de ser uno mismo, el coraje para definirnos al margen de la familia, el gozo por aprender a ser, la osadía y la sensibilidad no como opuestos sino como complementarios, la búsqueda del silencio como refugio del ruido cotidiano, la combinación de la fortuna con la perseverancia, la necesidad de plantearnos en algún momento la posibilidad de una segunda oportunidad (a algo o a alguien), la búsqueda del propio camino, el arte de sostener los propios sentimientos sin que éstos se desborden, el poder del arrepentimiento aprendiendo a pedir perdón, el desafío de no rendirnos y como no, el reconocimiento de entendernos como seres instintivos y viscerales, igual que el resto de animales.
Y el libro no podría tener mejor comienzo, pues parte de la afirmación de que si lo estás leyendo es claramente porque tienes la sensación de que algo no encaja en tu mundo o por la contra de que eres tú el que no consigue ubicarse y por lo tanto es necesario comenzar a hacer cambios. ¿Y cuáles serían estos?, os preguntaréis. Pues según Carla Gracia, en primera instancia habría que encontrar en nuestro día a día una velocidad más acorde con nuestra humanidad, en la que las cuestiones del alma y del corazón se prioricen frente a las apariencias. Además, tendríamos que reconocer que la sociedad nos va a atacar sí o sí simplemente por no querer pertenecer al grupo dominante, a la masa, así que mejor es ser leales a nosotras mismas y asumir que esto será así, a priori. En última instancia se resalta el valor de lo íntimo, viviendo a partir de las pequeñas cosas, porque están son más inspiradas y nos han de llevar a los grandes cambios, que por cierto, empiezan dentro de nosotros y nunca fuera. Gracia lo resume de esto modo: debemos ser ambiciosos y eso significa aspirar a ser felices.
Además de las propias reflexiones, Carla Gracia aporta otras citas de diferentes autores, tanto de la época de Austen como de nuestra contemporaneidad, aunque ya confirmo que sí, efectivamente todas van orientadas al destacamento del amor y de lo íntimo como valores casi sagrados: “el amor es lo único que hay que ganarse en la vida. Todo lo demás se puede conseguir robando”. Se unen a estos otros aspectos como la necesidad de renunciar al ser en sentido colectivo, para ser en un contexto de individualidad; distinguir la idea del orgullo frente a la arrogancia, ya que el arrogante exagera sus cualidades mientras que el orgulloso define nuestra forma de vernos y proyectarnos ante los demás; o la necesidad de contar siempre con un extra de rebeldía en nuestro fuero interno para oponernos a aquello que vemos injusto o ataca nuestro sentido moral.
Y todos estos atributos que Gracia considera propios de las heroínas de Austen se van combinando así con retazos sobre la vida personal de la escritora, hija de un clérigo y una aspirante a literata que renuncia a sus sueños por casarse por conveniencia; amante de la naturaleza y especialmente del mar; inmensamente unida a su hermana pequeña Casandra; anticipadora de la necesidad de nuevos derechos para la mujer como el poder separarte de alguien si descubres que vivir a su lado atenta contra ti misma; en búsqueda constante del silencio como refugio universal; gustosa del ejercicio físico sobre todo de las largas caminatas; talentosa en el manejo de la palabra oral y escrita y hogareña.
Un dato para mí revelador fue descubrir sin embargo que si bien todas estas cualidades expresadas se reflejan tanto en la escritora como en sus personajes femeninos; todas las heroínas de Austen terminan en última instancia casándose como culmen del encuentro consigo mismas. Tal pareciera así que el amor no se prodiga sin el matrimonio y me pregunto si esto es realmente un pensamiento de Austen o tal vez un reflejo de la época en la que le tocó vivir, una época a la que a pesar de todo ella se opone, no aceptando ningún matrimonio de conveniencia y manteniéndose soltera toda su vida.
Termino esta crítica indicando que el libro es una delicia y que lamento que esté tan condenadamente dirigido al público femenino no dando demasiada apertura a la lectura por el otro género, pues no creo que sólo sea duro ser uno mismo para una mujer en los tiempos que corren. Los hombres tampoco lo tenéis fácil y sentir la vida como algo más extenso y más intenso, sin duda nos atañe a todos.
