Cuando el río vuelva de Alberto Gómez Vaquero
por Soraya Pérez
Aún recuerdo el olor a campo, hierba mojada y a pan recién horneado que entraba por la ventanilla abierta del coche cuando, en pleno agosto, cruzaba el puente de entrada al pueblo. Ese lugar mágico donde pasaba los veranos y en el que tantas cosas descubrí y aprendí. Un pueblo que, como “forastera” todo era novedad, diversión y la antítesis de la rutinaria vida de ciudad. Sin embargo, nunca me llegué a plantear cómo se sentían las personas que se pasaban ahí el resto del año lloviera, nevara o granizara. Esos niños que tan alegremente esperaban nuestra llegada cada verano, habían pasado el resto de los 365 días del año en ese pequeño pueblo que, como para el protagonista de Cuando el río vuelva, no siempre era sencillo de sobrellevar y gestionar.
Pueblos donde, de cara a la galería todo funcionaba como un reloj y en el que todos sus habitantes tenían su rol para que el funcionamiento de ese pequeño lugar alejado de la capital funcionara de la misma manera que lo había hecho durante décadas. Un lugar donde el status quo de sus habitantes es inamovible y que hace surgir, como en esta novela de Alberto Gómez Vaquero, luchas internas por salir de ahí y romper las cadenas que retienen, como a nuestro protagonista, en una vida que no encaja con él y que, además, no quiere vivir como se lo establecen desde casa.
Son los libros que su profesor de literatura, al que convierte, extraoficialmente, en su mentor; los vinilos de su tío y las historias que traen cada año los veraneantes lo que le hacen soñar con un mundo fuera de los muros invisibles de ese pueblo del interior de Madrid. Un pueblo que le encasilla, con una familia que espera de él algo que no les puede, ni quiere, ofrecer, y unas amistades, casi obligadas, porque en ese lugar apartado de la modernidad de la capital hay más personas con las que relacionarse.
La lucha interna de un niño en plena adolescencia que no encaja ni en su entorno ni en la dinámica del pueblo, que utiliza los libros y el alcohol para poder salir volando de ese lugar rodeado por montañas y que vivirá su despertar sexual rodeado de tabúes, preguntas sin responder y con la constante necesidad de desaparecer para volver a empezar donde nadie le conozca. Una novela de la Editorial Carpe Noctem que me ha teletransportado a un lugar de calma y mucha paz, pero que también me ha puesto en el lugar del otro. El lugar del que espera cada verano a que lleguen los “urbanitas” porque somos la única bocanada de aire fresco que su cuerpo absorbe tras 365 días de clausura y encierro donde las montañas son las puertas y sus habitantes guardan la llave de salida.
