El café de la luna llena de Mai Mochizuki

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por Lara Vesga

El café de la luna llena, de Mai Mochizuki

El café de la luna llena, de Mai Mochizuki

En Japón los gatos son símbolos de buena suerte y dicen que, si eres amable con ellos, algún día te devolverán el favor. Y precisamente de una cafetería regentada por gatos parlanchines que aparece allá donde más se necesitan sus especiales servicios, va «El café de la luna llena», una novela ligera pero conmovedora que deja buenísimas sensaciones al terminar de leerla gracias a su bello mensaje sobre el poder de las emociones y la magia del destino.

La trama se desarrolla en una peculiar cafetería sin ubicación ni horarios fijos y que tan solo abre sus puertas durante las noches de luna llena. Por si eso no fuera suficientemente insólito, en ella trabajan unos carismáticos gatos que no solo hablan, sino que también preparan unas deliciosas bebidas y postres (los que ellos consideren oportunos para cada cliente, ya que no se puede pedir) e incluso leen la carta astral para ayudar a todas esas personas que se encuentran en un momento crucial, o que quizá han tomado el rumbo equivocado, a guiarlos o a reorientarlos al camino que los astros tienen reservado para ellos.

A través de una historia cálida y reconfortante con tintes de realismo mágico, un ritmo pausado que invita a la reflexión, un estilo envolvente y sensible y una ambientación onírica que invita al lector a sumergirse en cada historia como si fuese un cliente más, «El café de la luna llena» se inscribe en la corriente narrativa japonesa denominada “iyashikei”, es decir, historias que calman, que reconfortan y que curan. Algo que la novela, desde luego, consigue.

Así, Mai Mochizuki invita a sus personajes, y de paso, a sus lectores, a utilizar el café como metáfora de un espacio seguro y fuera del tiempo, como una especie de paréntesis vital para detenerse a contemplar las trayectorias vitales y ajustar o corregir los rumbos allá donde resulte necesario. La autora japonesa logra alentar a través de pequeñas historias que hablan de la memoria, de la pérdida, de la nostalgia, del éxito y del fracaso, del perdón y de la posibilidad de los nuevos inicios, historias que se entrecruzan y que tienen un precioso origen común que se desvela al final del libro.

No hay en»El café de la luna llena» acción trepidante ni prodigiosos giros argumentales. Su encanto no radica en el sobresalto, sino en la capacidad para transportar a la tranquilidad y la sensibilidad de una noche silenciosa, apacible y con un cielo estrellado, con una taza de té, un postre delicioso y una compañía agradable que ayude a alejar la melancolía y las dudas y a sanar y coger con energías renovadas el nuevo día que está por llegar.