El valle de las flores de Niviaq Korneliussen.
por Vanessa Díez Tarí
Cuando terminé de leer esta historia me quedé vacía. He tardado tiempo en poder escribir sobre ella. Que enfrente leer y escribir sobre ciertos temas no significa que trascenderlos no sea doloroso. La huella sigue estando ahí. A mis cuarenta ya he pasado dos depresiones. Valoro a día de hoy la paz conseguida y que mi mente no esté en guerra constante conmigo misma. Pero han sido años de montaña rusa emocional y épocas de pensamientos negativos en bucle. Hija de madre depresiva con un intento de suicidio. Era una de sus amenazas cuando era una veinteañera durante las discusiones. Una nunca piensa en ese momento que la amenaza pueda ser real, porque todo es demasiado violento y feroz. Luchas por colocarte una coraza y proteges tu vulnerabilidad del dolor de los otros, ya que todo duele demasiado. Ahora pasados los años saber que lo intentó sin decírnoslo sólo hace que tenga muchas preguntas.
Y no estoy poniendo en duda ni por un momento que Niviaq Korneliussen es una gran escritora. Al contrario, te lleva de forma muy fácil al barro. Esto sólo es un aviso: es un tema que remueve por dentro. No deja indiferente. «El valle de las flores» es la bajada a los infiernos de nuestra protagonista y nos lleva de la mano con ella. Vive en Nuuk, la capital de Groenlandia y está a punto de marcharse a Dinamarca para empezar la universidad. Una novia en casa y la soledad e inadaptación en la gran ciudad. La gente de isla no se adapta suelen decirles. Todos terminan abandonando. Todo parecía perfecto ante los demás. Familia y vida. Según vamos rascando nos damos cuenta que ella nunca se sintió cómoda en su piel ni entre su familia cercana, tan sólo su novia era el ente estabilizador de su vida, ahora lejos de ella su vida pierde sentido. Y se aleja y adentra en la vorágine de la gran ciudad.
El detonante de no retorno es un viaje a un pueblo de Groenlandia por la muerte de la prima de su novia. Se ha suicidado. Nadie sabe por qué. Aunque la acogen como una familia, mejor que la suya propia, ella empieza a fraguar algo dentro de ella. Las muertes de jóvenes por suicidio se acumulan en la zona, pero nadie habla de ello. Las familias tienen sus rituales ante la muerte, pero el silencio es denso y pesado y permanece a partir de la ausencia. Con la vuelta del viaje empieza a provocar discusiones con su novia para alejarse de ella y seguir castigándose. Rompen. Y al intentar volver desesperadamente la otra tan sólo le dice: busca ayuda, la necesitas.
Nuestra protagonista sigue un camino acelerado hacia la autodestrucción en Dinamarca y termina viviendo en la calle. No se merece nada bueno. Tan sólo busca dolor y sufrimiento. Desaparecer.
Niviaq Korneliussen tiene la osadía de mirar a la muerte a la cara y hacer las preguntas que nos atormentan. De forma directa da voz a los gritos de auxilio no escuchados. Porque en toda familia ha habido algún problema de salud mental y suicidio, nadie está a salvo, pero no se habla de ello y se deja que los años cubran de polvo la verdad y el olvido hace el resto. Honra y honor.