Estival de Guillermo Aguirre
por Lara Vesga
Si como decía Rainer María Rilke la verdadera patria del hombre es la infancia, su frontera es el verano. Desde que empecé la universidad y hasta ahora, veinte años después, reconozco que ya no tanto, pero antes yo también compartía con el protagonista de Estival eso de medir la vida en veranos, eso de condensar, si no la existencia entera, al menos la mejor parte de ella, la más libre, salvaje y feliz, a aquello que ocurre entre mediados de junio y mediados de septiembre. Como dice su autor, Guillermo Aguirre (Bilbao, 1984): “Un puñado de vacaciones, eso es la vida”.
Jonás narra sus veranos pasados, presentes e incluso los futuros en un pequeño pueblo del norte de España que representa a tantos otros. Desde 1984 hasta 2045, una crónica bellísima que abraza y duele a la vez nos habla de los recuerdos, del abanico de posibilidades que ofrece la vida, de las sendas que podemos, queremos o debemos escoger en los cruces de caminos que se nos van presentando, del disfrute de la más sencilla cotidianeidad, de la familia, del amor, de la amistad y de la incertidumbre que nos coge de la mano desde niños y que nunca nos la suelta.
Estival te interpela y te sacude, te transporta y te lleva a ese mismo lugar en el que se mueve su protagonista. Te obliga a dudar de lo mismo que él duda, te obliga a reflexionar sobre las mismas preguntas que a él le asaltan y ya no es que consiga que empatices con la historia, es que te acabas convirtiendo en la historia misma, en una especie de simbiosis que solo consiguen las grandes novelas. Este ejercicio de introspección literaria no despliega al verano como telón de fondo, sino que lo convierte en un protagonista más, quizá en el auténtico protagonista.
Todo lo invade esa atmósfera de letargo, de vermús al sol, de siesta bajo la sombra de un árbol, de paseos en bici, helados y partidas de cartas. A medida que se avanza en la lectura es posible darse cuenta de que quizá en la vida no todo es evolucionar y progresar. Aquí se ensalza el estancamiento en ese periodo del año al que se vuelve a ser feliz haciendo lo mismo, o casi lo mismo, con la misma gente. Pero haga lo que uno haga, estancarse o prosperar, lo cierto es que la vida pasa y Estival nos hace plenamente conscientes de que es tan absolutamente efímera como los efímeros veranos de los que está compuesta.
