La bailarina de Õgai Mori

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por Ana Olivares

La bailarina de Õgai Mori

La bailarina de Õgai Mori

Una caja de música.

 

Os presentamos un clásico, considerado por la crítica literaria como un claro antecedente de la Madame Butherfly de Puccini. Dada su narrativa intimista, donde los sentimientos del individuo se entremezclan con los sentimientos humanos, ahondando con gran dramatismo en los dilemas morales frente a los deseos del corazón. Una lectura equilibrada, casi fugaz, que nos presenta la historia de amor de dos jóvenes, que, sin pretenderlo, marcarán las diferencias sociales y culturales entre Oriente y Occidente en pleno siglo XIX.

La narración está directamente asociada con el punto de vista de nuestro protagonista, el señor Õta. Un joven japonés que está finalizando sus estudios universitarios en Berlín como profesional de la Administración. Él mismo se irá describiendo como alguien constante y aplicado, pero no valiente; ya que su destino siempre estuvo y estará marcado por la tradición familia. En este sentido, siente que todos tienen planes de futuro para él, que no es dueño de su propio destino. Debe mantenerse firme y perseguir el éxito a cualquier precio, para ello, decide viajar a Europa para terminar sus estudios Universitarios en el extranjero. Sin embargo, su apariencia exótica y su origen oriental le provocan el rechazo de sus compañeros en el campus. Aquello no le impedirá continuar adelante, pero sí le obliga a permanecer solo en aquella ciudad fría y extraña. Durante uno de sus paseos, se topa con una joven en apuros. Una bailarina caída en desgracia que lo conmueve profundamente. Accede a pagarle las deudas contraídas con el fin de no tener que vender su cuerpo, para que tanto ella como su madre puedan continuar pagando el piso en el que viven. A partir de entonces, se convierte en su protector y proveedor, tanto, que hasta pierde oportunidades personales y trabajos. La ilusión por su unión crece a medida que los problemas empiezan a aflorar dada las consecuencias de las decisiones que irá tomando nuestro protagonista. Ya en el invierno del año veintiuno de la era Mejii (1888), su amigo, que lo ha promocionado ante su jefe, le consigue un puesto como traductor del ministro Amakata. Un viaje a Rusia de varias semanas con el que conseguirá recuperar el prestigio perdido, y pese a que Elise lo necesita a su lado, él no puede rechazar esta grandiosa oportunidad. En cuanto se rodea de gente poderosa, ambientes lujosos y distinguidos, su visión sobre el futuro con su enamorada cambia. Y a su regreso en Año Nuevo, se encuentra en una encrucijada, tendrá que elegir entre su incipiente familia en Berlín o volver a Japón donde le espera un puesto fijo en la administración. Finalmente abandonará todo aquello con lo que había soñado y abrazará lo que pensó que detestaba. Siente vergüenza, no oculta su cobardía como hombre; tampoco mira atrás a pesar de haber llevado a la desesperación a su bailarina.

Él seguirá buscando excusas para justificar su comportamiento basadas en su cultura.

-Me ha caído fatal este niñato-. Si analizamos la época, se trata de un joven educado y nacido en Japón en pleno siglo XIX; podemos entender perfectamente porqué la reputación familiar está por encima de los sentimientos individuales. El honor y la tradición son los pilares fundamentales de su cultura.

En esta ocasión, es un viaje de Oriente a Occidente, y no al revés; algo a lo que estamos menos acostumbrados en la literatura europea. Se trata de contemplar este matiz como pilar principal de la obra; junto con la fragilidad y vulnerabilidad y belleza utópica que insufla una joven bailarina caída en desgracia, que representa en sí el amor y los sentimientos; frente a la moralidad y la lógica a seguir de un hombre regido por el deber; pese a que, en un principio, él juega en el mismo escenario y termina abandonando sus obligaciones personales para perseguir ambiciones más altas.

Elise me recordó a la Vendedora de Fósforos de Andersen, pero en versión adulta, ya que representa el amor carnal debido a su papel como belleza frágil. Hay una frase que determinará su trayectoria en la obra: << Tal y como decía el poeta Hack Länder, las bailarinas son las esclavas de la sociedad actual y su futuro está ligado a su suerte>>. Por último, destacar, que, aunque se trate de una historia de amor, es solo el marco de representación para señalar el cisma entre Oriente y Occidente en todos los sentidos. Todo ello en un tono elegante, diseñado para deleitar al lector independientemente de su tiempo. Y es que la buena literatura es fácil de reconocer, sobre todo, de comprender; por lo que siempre ha de ser compartida.