La señora A y el señor Z de Teresa Duran y Gustavo Roldán

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por Elena Cruzado

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Collage de «La señora A y el señor Z» por Teresa Duran (autora) y Gustavo Roldán (ilustrador).

La señora A y el señor Z son polos opuestos. Ella, alérgica a los colores. Él, apasionado de ellos. Y como en la vida misma, no les queda otra que convivir, ya que ¡son vecinos!

La escritora Teresa Duran y el ilustrador Gustavo Roldán han creado una historia llena de simbolismos, en la que utilizan los colores como conducto para abordar temas tan cotidianos como la convivencia, las relaciones humanas y la superación de los miedos.

A través del humor y con un toque de ironía, conocemos a la señora A. La protagonista de este álbum tiene pánico a los colores, la ponen enferma en el sentido más literal de la palabra. Por eso todo lo que la rodea es blanco o negro: su casa, su ropa, incluso su comida. Aparentemente, lleva una vida tranquila dentro de su estricto orden cromático… hasta que se da de bruces con su nuevo vecino, un famoso y colorido payaso que acaba de mudarse al piso de arriba.

Editado por Kalandraka, «La señora A y el señor Z» es un álbum dirigido a niños de cuatro años en adelante. Su lectura, ágil y divertida, hace las delicias de los pequeños lectores gracias al equilibrio perfecto entre el texto y las ilustraciones, cuyo estilo me ha provocado cierta nostalgia al recordar los trazos de algunos cómics de antaño.

Es una historia aparentemente sencilla que fomenta el cuidado y la ayuda a los demás de una forma muy original. Teresa Duran y Gustavo Roldán han encontrado la manera perfecta de demostrar, con cierta ternura y delicadeza, que ni la vida es toda de color de rosa… ni todo es blanco o negro. Hay toda una gama de colores entre medias para colorear los trazos de nuestro día a día.

Desde que ha llegado a nuestras librería, «La señora A y el señor Z» se ha convertido en uno de los cuentos favoritos de antes de dormir. Por algo está enmarcado en la colección «Libros para soñar» de la Kalandraka.

Altamente recomendable para niños y adultos. Porque al final, no hay tanta distancia entre la A y la Z.